Mary estaba frente al gran ventanal del salón de eventos, observando las luces de la ciudad titilando en la fría noche de diciembre. Afuera, la vida continuaba con su caótico ritmo, mientras dentro, la fiesta de fin de año de la empresa en la que trabajaba desde hacía casi dos años seguía animada, llena de risas y brindis. Chris, su pareja, se acercó a ella con dos copas de champán en la mano. "¿Todo bien?" le preguntó, con una sonrisa suave y tranquilizadora. Mary asintió, tomando una de las copas. —Sí, solo estaba pensando —dijo, girando la vista hacia él. Chris no insistió, conocía su necesidad de esos momentos de introspección. Se apoyó a su lado, mirando también el paisaje urbano. Había aprendido a darle espacio, algo que Mary apreciaba profundamente. Con Chris, las cosas eran di
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