Zillah respiró hondo, había decidido que lo mejor sería crear una vida para Sameth, su lobo le tenía mucho cariño y aunque él desconfiaba del pequeño humano que le salvó la vida, no quería verlo sufrir. Pero que vida podría inventar para él, no conocía casi nada sobre los humanos y no podía contarle sobre su manada, además que su vida con los Kelias no era un buen material para crear una vida. Vio los ojos llorosos de Sameth y estiró la mano para limpiar una lágrima resagada, aquel movimiento despertó un recuerdo en él y decidió que era un buen recuerdo, lo suficientemente bueno para dárselo a Sameth. — Te hablaré un poco de nuestra familia, así podrás recordarlos y no te sentirás tan solo si por alguna razón en el futuro debemos separarnos por unos días. Ymika hizo un puchero más

