Matt se quedó rígido, incrédulo. ¿Qué coño le pasa a esta mujer? El perfume de ella lo envolvió, dulce y peligroso, mientras su cuerpo invadía el suyo sin pedir permiso. A su alrededor, todos rieron, creyendo que Olivia solo estaba bromeando. Nadie oyó el susurro. Nadie vio el modo en que los dedos de ella se afirmaban en su hombro como si lo reclamara para un juego privado. Eva reaccionó enseguida, golpeada por un rayo de celos que intentó disfrazar de humor para no parecer una posesiva. —Oye, Olivia… él no es tu almohada. Déjalo tranquilo —dijo Eva, intentando sonar divertida, aunque el tono le tembló un poco—. Es mi esposo, búscate uno para ti, querida —añadió mientras deslizaba la mano por el pecho de Matt con un gesto territorial, marcando su frontera como quien clava una ba

