La noche había caído sobre la mansión Winterhaus como un manto espeso, silencioso y lleno de presagios. Todo estaba demasiado quieto, como si la casa respirara despacio, calculando. Matt estaba en el cuarto que compartía con ella, sentado en el borde de la cama, cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Eva entró. Su sonrisa era una línea tensa, frágil, arrastrando una dulzura que no lograba tapar la inquietud. —Cariño —dijo mientras apoyaba la mano en el marco—… papá quiere hablar contigo, me pidió que te buscara. Matt sintió un escalofrío recorrerle la espalda, tan real que tuvo que frotarse los brazos. Esa frase nunca significaba una conversación normal. Nunca. —¿Ahora? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta. Eva asintió despacio, como si supiera exactamente lo que esa ci

