Matt salió de la oficina de Jeffrey con la sensación de que le habían vaciado algo por dentro. No sabía si era miedo, orgullo, o la mezcla enferma de ambos. Caminó por el pasillo oscuro con las piernas pesadas, y el sabor del whisky aun ardiéndole en la garganta y esa frase clavada en la nuca como una aguja. “Lo sabrás muy pronto.” Cada paso de Matt resonaba suave sobre la alfombra. Al girar una esquina, sintió que alguien se movía en la penumbra. Una figura salió del borde oscuro del pasillo con la precisión de un depredador. Era Alexandra. Su cabello estaba recogido, su ropa impecable incluso a esa hora, pero su rostro no tenía nada de impecable. La mirada era fuego puro. La respiración rápida le levantaba el pecho con una furia contenida que hacía vibrar el aire. —Tú —es

