El Pequeño Jethro
· -¡Atrápala! ¡Atrápala, Jethro! – Gritaba Antoine Wilson a su hijo mientras practicaban el deporte que más le gustaba –
Jethro, un muchacho de 12 años corrió con toda la velocidad que le permitían sus fuerzas para atrapar el lanzamiento que le había hecho su padre, cuando estuvo cerca, dio un salto, estirándose al máximo para atrapar aquella pelota tan rápida. Su padre nunca se las ponía fáciles. Siempre, debía correr mucho para hacer buenas atrapadas. Cayó al suelo nuevamente y tomó la pelota con la derecha e hizo el lanzamiento hacia su padre.
-¡Eso es! ¡Buena atrapada muchacho! – dijo Antoine Wilson que se preparaba para hacer otro lanzamiento. Esta vez, un poco más fuerte para poner a prueba las habilidades de su hijo. Veía un gran futuro para él. Esta vez, Jethro, se lanzó a un lado, atrapando la pelota y cayendo con gracia al piso para volver a levantarse y devolverle la pelota. Antoine, tenía una gran sonrisa al observar las habilidades de su hijo.
-¡Muy bien! ¡Es todo por hoy, muchacho! – dijo Antoine - ¡Tu madre ya debe tener la cena lista! ¡No lleguemos tarde!
-¿O nos regañará como la última vez? – preguntó Jethro con sonrisa inocente-
-Sí. Ya sabes cómo se pone si llegamos tarde a la cena – dijo Antoine recogiendo el bolso que habían llevado con todos los artículos deportivos. Caminaron por unos minutos por aquél campo de hierba seca en el que solían practicar béisbol cada vez que su muy apretada agenda se lo permitía. Llegaron a la casa donde su madre ya tenía servida la comida en la mesa.
-¡Hola mamá! – dijo Jethro
-¡Es tarde! –dijo la señora Thea
-Lo siento, amor – dijo Antoine dándole un beso en la frente –
-Está bien. Que no se vuelva a repetir. Vayan a lavarse – dijo la señora Thea terminando de arreglar la mesa-
-Tiempo después, ya estaban terminando de cenar cuando la señora Thea le preguntó a Jethro:
-¿Vas a terminar de hacer la tarea después de cenar? – preguntó Antoine –
-Ya la hice – respondió Jethro – Voy a hablar un rato con Shakti por teléfono si a ti no te molesta.
-¿Por qué me molestaría? Es la hija de Misael y es una chica muy dulce.
-¿Y es porque ustedes la escogieron para que sea mi esposa cuando sea grande y así asegurarse de resguardar nuestro patrimonio? – dijo Jethro –
-Bueno, hijo. Eso no quiere decir que es obligatorio. Es más como una sugerencia. Al crecer, si tú no deseas casarte con ella, sino con otra chica, podrás negarte. Nosotros sólo te presentamos una primera opción, pero al final, la decisión siempre estará en tus manos. Así siempre se ha hecho en nuestra familia. Sólo queremos lo mejor para ti, Jethro.
-¿Pero cómo saben que ella es la mejor opción para mí? ¿Y si existe otra chica mejor que ella?
-Entonces, tú tendrás el deber de conocerla y saber si será buena para ser tu esposa y compañera de vida. No hay problema. Tu madre y yo, nunca te obligaremos a casarte con Shakti, si no es lo que tú deseas.
-Gracias, papá – dijo Jethro chocando su mano con la de su padre y retirándose a su cuarto a hablar por teléfono con Shakti.
Cuando estaba listo para dormir su madre entró al cuarto para darle las buenas noches.
-¿Listo para dormir? –dijo Thea arreglándole la cobija –
-Sí, mamá – dijo Jethro – ¿Podrías contarme otra vez la historia del Príncipe guerrero?
-Está bien. Te la contaré: Esta es la historia del Príncipe Jarim, hijo de unos reyes poderosos que habitaron la tierra hace miles de años. Tenían un reino muy grande, lleno de paz, prosperidad, tierras fértiles y su pueblo era grande. Estaban muy bien cuidados y no les faltaba nada, pero un día, el hermano del Rey, lleno de envidia lo traicionó y atacó a este reino y asesinó al Rey y a la Reina. Unos sirvientes leales al Rey tomaron al niño y lo sacaron del palacio para llevarlo en bote a los pueblos que estaban hacia el sur. Al llegar allí, lo dejaron cerca de una tribu para que fuera encontrado y lo adoptaran y así pudiera sobrevivir lejos de la ira de su malvado tío.
-El príncipe al ser adoptado por una familia de esa tribu, le tocaba trabajar todos los días en los campos de cultivos y dedicar unas horas al día para ser entrenado como guerrero, pues siempre había miembros de otras tribus que venían a buscar pelea y debían estar preparados.
-El príncipe fue creciendo y se enamoró de la princesa de la tribu. Hija del jefe de la manada, aunque mantuvieron su amor en secreto porque había otro guerrero que también quería casarse con ella, por lo que se enfrentaron en un duelo a muerte, donde el príncipe estuvo a punto de morir, pero logró la victoria y se casaron.
No transcurrió mucho tiempo después de la boda, cuando fueron sorprendidos una noche por soldados del Gran Seyegal. El hombre que se proclamaba a sí mismo, dueño de todas las tierras alrededor de su tribu, para llevarse a la princesa, pues proclamaba que era la mujer destinada a ser su esposa.
Fue entonces, que los habitantes de esa tribu le dijeron a Jarim que había una profecía que databa de miles de años y que aseguraba que el Príncipe guerrero se levantaría para luchar por su esposa y por su pueblo para liberarlo.
-Jarim, no le prestaba mucha atención a la profecía, lo único que sabía con certeza es que se prepararía para la pelea, destrozaría a ese Gran Seyegal y su pueblo y traería a su mujer de vuelta. Desde ese momento, se dedicó a preparar soldados y no sólo los de esa tribu, sino que buscó en todas las tribus al norte, al, sur y al este de las tierras del gran Seyegal y todos se unieron para derrotar al gran Seyegal y su imperio de horror. Pelearon a muerte en una lucha encarnizada que dejó gran cantidad de muertos, pero al final, lograron acabar con el Gran Seyegal y su familia, además del ejército que los amenazaba y atacaba cada vez para hacer saqueo de sus tierras y productos. Se había terminado la era de la esclavitud. El príncipe Jarim con su esposa Jariel, vivieron en aquellas tierras, ejerciendo un reinado de justicia y paz para todas las tribus que se volvieron aliadas.
-Bueno, ahora duérmete, Jethro. Mañana tienes escuela – dijo Thea dándole un beso en la frente. Luego, apagó la luz, dejándole encendida sólo una lámpara y salió del cuarto.
Jethro, sintió que no había dormido tanto, cuando sintió que su madre lo despertaba. Se notaba agitada.
-¿Qué sucedió? – preguntó Jethro - ¿Ya es hora de ir a la escuela?
-¡No! ¡Nada de eso! ¡Despierta, Jethro! ¡Debes levantarte y vestirte sin perder tiempo! -dijo su madre agachándose y tomándolo por los hombros – Sucedió algo y debemos salir apresuradamente – dijo levantándose para buscarle la ropa para que se cambiara y luego sacó más ropa y cosas que metió en un bolso que puso en la espalda de Jethro después que se terminara de cambiar.
-Salieron a la calle por las puertas traseras. Las calles estaban vueltas un caos. La gente corría desesperada de un lado a otro tratando de huir de los hombres armados y de las tanquetas. El corazón de Jethro, latía muy rápido y de pronto se acordó que su madre no había empacado su guante y pelota de béisbol, por lo que, corrió a devolverse a la casa para tomarlos. Su padre le gritó:
-¡Jethro! ¿A dónde vas? ¡Debemos partir! – y comenzó a correr detrás de él –
-¡Mi guante, mi pelota y mi bate! ¡Mamá olvidó guardarlos! – gritaba Jethro sin detenerse, mientras corría a la casa, pero su padre, logró atraparlo y con respiración entrecortada le dijo:
-¡Vamos! ¡Yo te compraré otros, pero ahora debemos irnos sin perder más tiempo! –dijo Antoine, llevando a su hijo agarrado de la mano, cuando vieron unos jeeps con hombres armados estacionarse frente a la camioneta donde estaban los escoltas y su madre. Comenzó el intercambio de disparos. Los escoltas iban cayendo. Dos se vinieron hacia donde estaban Antoine y su hijo para protegerlos y corrieron hacia el frente de la casa por toda la calle. Jethro, sentía que su padre le iba a arrancar el brazo de tan fuerte que lo llevaba apretado. Vieron unas tanquetas venir de frente y decidieron entrar corriendo por un callejón a su derecha. Ya sólo iba con ellos un solo escolta, pero Antoine no se detenía ni soltaba a su hijo. Seguían corriendo. Jethro observó que corrían en dirección al campo de béisbol y no sabía si eso era una buena idea. Él sólo tropezaba y caía y su padre lo ayudaba a levantarse para seguir corriendo hasta que vieron al final de un campo de béisbol unos jeeps acercarse a ellos. Los iluminaron con las luces de los jeeps.
Cuando estuvieron frente a ellos, se bajaron varios hombres con sus armas y los pusieron de rodillas. Jethro, no entendía mucho. El hombre le reclamaba que él estuvo en contra del gobierno y que por eso, sería castigado. Jethro, escuchaba a su padre responderle, primero calmado y luego desesperado porque en sus rostros se veía que ya se habían cansado de la discusión. Se escucharon disparos y sobrevino un silencio. Jethro, abrió los ojos y vio al escolta y a su padre tirados en el suelo ensangrentados, muertos. Su rostro y su ropa había sido salpicada con sangre.
Jethro, no podía ni llorar. Sólo se quedó allí observando el cuerpo de su padre sin vida. Uno de los hombres, lo agarró por un brazo y lo embarcaron en uno de los jeeps. No sabía a dónde lo llevaban. No sabía quiénes eran. Sintió que pasó un tiempo de ir por una carretera oscura y solitaria, desde donde se podía ver a lo lejos, personas que gritaban. Se escuchaban disparos y fuego en medio de las calles.
De pronto, se pararon y volvieron a tomar a un grupo de personas para asesinarlas, al igual que habían hecho con sus padres, pero esta vez, lo incluyeron a él en este grupo. Jethro, era incapaz de emitir un solo sonido, cuando vio que el hombre le apuntaba con su arma directamente a su cara. Estaba demasiado asustado para gritar. Los segundos, se hacían eternos y lo único que escuchó fue no uno, sino varios disparos. Abrió los ojos y vio que los hombres del camión estaban muertos. Entonces, vio que se acercaron unas camionetas con hombres armados y se pararon rodeando toda la horrible escena de los cuerpos masacrados. Jethro, se asustó y pensaban que también venían a matarlo. Uno de ellos se acercó para pararse frente a él, colocándose el rifle colgando del hombro.
-¿Cuál es tu nombre, muchacho?
-Jethro Wilson, señor
-Muy bien Jethro – dijo el hombre – Mi nombre es Hakim y mis amigos y yo te llevaremos a tu casa. ¿Esos son tus padres?
-No, pero ellos fueron asesinados allá en la ciudad. No estoy seguro en lo de regresar a mi casa, porque de allá veníamos huyendo. Había un gran alboroto y disparos en las calles – dijo Jethro –
-Pues, eso ya terminó. Lograron derrocar al presidente que había usurpado el poder. Ahora, todo está en calma así que podremos llevarte con los tuyos – dijo Hakim - ¿Hay alguien más con quien podamos dejarte?
-Sí. Con el amigo de mi padre, el señor Misael – respondió Jethro –
-Muy bien, Jethro –dijo Hakim – enterraremos los cuerpos y saldremos de vuelta para llevarte.
Jethro, se despertó de la pesadilla. Era una recurrente en su vida, después de haber presenciado el cruel asesinato de sus padres. Habían pasado muchos años. Él fue criado y atendido por Misael, el padre de Shakti y ahora, ya contaba con 28 años. Vivía en Francia porque se había cumplido su sueño de jugar béisbol para un equipo de grandes ligas. Estaba emocionado con su nuevo contrato y se sentía feliz y agradecido por su vida, a pesar de llevar en su corazón el dolor por la muerte de sus padres y la ausencia de ella. Estaba a la esperaba de que algo sucediera. Algo que le cambiara la vida y que lo acercara nuevamente a ella. A Lenah.
Era domingo en la mañana y como todos los domingos, Lenah Harper, había llegado a la mansión de su padre Alan Harper, viudo hacía 13 años. Su esposa murió en un trágico accidente en Francia, dueño de una compañía dedicada a la producción y distribución de alimentos. Era el mayor negocio familiar, pero tenían muchos otros, como inversiones petroleras. Bancos, bienes raíces y un equipo de béisbol.
Estaban acompañados por Nikolay Yaroslav, quien era el prometido de Helena, desde hacía 6 meses y los acompañaba a desayunar desde entonces, ya que el Señor Harper, le había pedido a Lenah que aceptara casarse con este hombre como una manera de asegurar sus bienes y de evitar que alguien quisiera casarse con ella por interés y ella había accedido a la petición de su padre.
-El compromiso se había hecho público desde entonces y salió en todos los periódicos y medios locales e internacionales. Se unirán las dos fortunas.
-¡Hola papá! -dijo Lenah, dándole un beso en la frente-
-¡Hola hija! ¿Cómo has estado?-preguntó el señor Harper-
-Muy bien papá- dijo sentándose en el majestuoso comedor de 21 puestos, en el asiento de la derecha –
Entonces entró Nikolay saludando con la elegancia que lo acompañaba siempre de sus costosísimos trajes y su piel blanca inmaculada con sus hermosos ojos azules y su distintivo acento ruso por el que deliraban muchas mujeres.
-¡Buenos días Señor Harper!
-¡Buenos días Nikolay! -respondió el señor Harper--¿Cómo han estado los negocios?-
-¡Muy bien Señor Harper! –dijo Nikolay- la venta del maíz nos dejó grandes dividendos esta semana.
-Lenah, aprovechaba de internarse en sus pensamientos, cuando ellos comenzaban a hablar de negocios.
-Ella había estudiado una carrera, a pesar de la insistencia de su padre de que ella no necesitaba preparación profesional, pues se casaría con un hombre con fortuna para proteger la de ella.
-Se graduó de bachiller a los 18 años e hizo un viaje a Francia ese verano y estaba decidiendo qué carrera estudiar cuando conoció a Jethro Wilson.
-En ese momento de su vida ella estaba pasándola bastante mal, pues ella nunca había podido superar la trágica muerte de su madre ocurrida en Francia durante unas vacaciones y al tratar de ocultar el dolor había surgido un sentimiento de auto- destrucción, que hubiese acabado con ella, si no hubiera sido por Jethro Wilson y el sentido de pertenencia, amor y dignidad que le enseñó. Al principio, fue tormentoso, porque ella era muy caprichosa y soberbia y no le permitía acercársele, pero él no se dio por vencido y seguía buscándola y siguiéndola a donde quiera que ella iba, restaurantes, mercados, tiendas de ropa, museos, clubes nocturnos y ella se dedicaba a darle celos con cualquier otro chico.
-Recordó el día que lo conoció. En ese tiempo a ella le gustaba conducir a velocidad por carreteras peligrosas en riscos, parecía no tener miedo de morir. Ella había pasado dos veranos en j***n junto a sus amigos y allí se dedicó a ir en las noches de driftings, carreras por declives realizando deslizamientos laterales con el auto en marcha a gran velocidad. Ella no se volvió una experta pero estaba fascinada por este mundo de los autos a velocidad en derrape y había una ladera donde en algunas noches realizaban carreras. La primera vez que lo hizo fue cuando al salir de una fiesta ella y sus amigos se dirigieron a ver los driftings. Corrían el licor y las apuestas. Lenah, casi no le prestaba atención a sus amigos. Estaba como hipnotizada de ver aquellos autos realizar aquél maravilloso movimiento. Entonces aplicó la mirada 33 que consistía en llamar la atención de un chico discretamente, en este caso el chico al que ella le iba a pedir que le enseñara a conducir el auto en driftings y lo consiguió. A partir de esa noche, comenzó a recibir clases cada día mientras algunos de sus amigos se iban a los clubes a beber y a hacer lo de todos los días, su amigo Anthony y algunos otros la acompañaban a los driftings. Era obligatorio el uso de un casco así que el chico le regaló uno. Ella había aprendido que una sonrisa suya conseguía todo lo que a ella le interesaba de un hombre…
-Pasaron tres semanas hasta que sintió que estaba lista para competir esa noche se vistió para la ocasión. Usó pantalones de cuero n***o, una franelilla, porque en ese momento hacía no tanto frío y una hermosa chaqueta de cuero rojo y n***o que ella adoraba y que todavía tenía en su closet y el casco. Le dijeron que fuera tomando su posición y se sentó al volante y su amigo y entrenador vino a decirle que él había apostado todo lo que tenía por ella así que…
-¡Échale ganas!
-Está bien – dijo Lenah tomando el casco que le trajo Anthony y deseándole buena suerte.
-Esperaban por el cambio del semáforo a verde, acelerando al máximo. Sólo esperando para soltar el cloche y partida. El auto arrancó bien. Suave y veloz. Su amigo lo había preparado bien. Todavía iban en la recta, pero el camino se puso un poco pedregoso y se levantaba grava que pegaba en el parabrisas. Entonces, la primera curva a la derecha. Acelero y soltó el freno volante al contrario de hacia dónde le quería llevar la fuerza G. sí, lo logró. Logró salir de la primera curva y venía la segunda, notó que más cerrada. Esta vez, tenía que tener pericia con el volante y cambiar la dirección siempre contrariamente hacia donde la fuerza G la quería llevar. Lo logró. Tenía que aprovechar de acelerar, pues iba de tercera. Hundió el pedal hasta el fondo y tomó el volante con firmeza y al ir pasando al lado del que iba de segundo, llegaron a la curva y ambos autos se deslizaron y ella hizo todo lo que aprendió y volteaba el volante hacia donde era lo opuesto de la fuerza G y cuando terminó la curva aceleró y pasó al segundo.
Se acercó rápidamente al que iba en primer lugar, cuando llegaron a la curva y volteó el volante o terminaría golpeando al otro auto. Aceleró y el auto perdió un poco el control y dio una vuelta y no pudo rebasarlo pero lo volvió a alcanzar y llegaron a la última curva y esta vez estuvo pendiente del volante y los devolvió después de haber salido de la curva para que el auto tomara la línea recta y llegar a la meta de primera. Frenó y se bajó escuchando la algarabía. Anthony y sus amigos vinieron saltando como niños pequeños. Lenah, reía mientras le entregaban el dinero del premio y gritó:
. -Esto, es para que todos se tomen un trago para celebrar y explotó la algarabía. Así fue como aprendió a driftear.
-La mañana del verano francés cuando conoció a Jethro Wilson, ella iba en su auto descapotable, con su rizos de cabello rubio hasta los hombros al viento. Tomando las curvas peligrosamente a gran velocidad. Iba muy tranquila cuando un auto, comenzó a encender y apagar las luces y luego comenzó a tocarle corneta y ella no bajaba la velocidad, para que el otro auto pudiera pasar en esa carretera tan angosta, de curvas tan cerradas. Llegó un momento que los dos autos iban juntos, pasando todas las curvas, sin temor a que viniera un auto en sentido contrario y se miraban, como retándose y ella con su sonrisa de medio lado, sabiendo que nadie le negaba nada en la vida a la hermosa niñita mimada de papá Harper.
-Todo lo que ella quería, su padre se lo daba, pero no podía darle lo único que anhelaba, más que todo el dinero del mundo, volver a ver a su madre. Entonces, de pronto vio un niño rubio atravesarse en la carretera, aunque no era real, sino parte del recuerdo vivido durante el trágico accidente que vivió su madre pero del cual ella fue testigo, pues ella iba en el auto. Era muy pequeña pero lo recordaba, inconscientemente pisó el freno y comenzó a irse de lado y vio que el auto dio varias vueltas, pero se mantuvo en la carretera, quitó el pie del freno y se llenó de valor, porque aquí nadie podría ayudarla, hundió el pie en el acelerador y movió el volante al contrario de adonde lo llevaba la fuerza G, o hacia donde este quería ir, que era hacia el acantilado, entonces pasó por el acantilado haciendo driftings. Los neumáticos quedaron casi fuera de la carretera, pero ella sostuvo el volante con fuerza o caería inexorablemente. Volteó el volante hacia el otro lado y el auto se deslizó un poco de lado a lado, pero logró controlarlo y se enfiló a terminar el viaje en la carretera, se pasó las manos por el cabello y se limpió las lágrimas, porque fue así como murió su madre. Hundió más el pedal de la velocidad y fue entonces que miró por el espejo retrovisor y recordó al hombre del otro convertible, pero no lo vio por ningún lado y siguió su camino.
-Lenah, siguió conduciendo a gran velocidad por aquella carretera. En un momento, se dio cuenta que sangre corría por su frente, pero no se detuvo, sólo la limpió con una servilleta y puso atención a la carreta, ya que vio que se acercaba una tormenta. La alcanzaría en cualquier momento. Siguió a toda velocidad girando y haciendo rechinar las ruedas. De pronto, tuvo que frenar para no atropellar a un perro y hundió nuevamente el pie en el pedal. Las primeras gotas comenzaron a caer y luego comenzó a caer una lluvia ligera, cuando cruzó en una calle y estacionó el auto frente a una reja de hierro. La entrada al cementerio. Miró y suspiró.
Abrió la puerta del auto y se bajó, abrió la reja. Entró y volvió a cerrar. Se fue por un camino que estaba allí y que llevaba a un árbol, en el cual, por cierto, aprovechó de vomitar. Estaba empapada y se recostó del árbol un momento, con los ojos cerrados, dejando salir todo el dolor que llenaba su vida, cuando se abrió el cielo y comenzó a caer una tormenta y vio las primeras centellas, se separó del árbol asustada y comenzó a caminar hacia las tumbas. Se quitó los zapatos de tacón alto cuando vio un rayo caer sobre un árbol y gritó. Comenzó a correr. Cayó y se levantó justo cuando cayó otro rayo. Llegó a una tumba que tenía una reja. Ella sacó la llave de su bolso cuando cayó otro rayo y abrió la reja y entró, justo al caer otro rayo, se dio la vuelta y sacó un encendedor de su bolso e iluminó las tres paredes de nichos que habían allí y fue hasta el fondo mientras se escuchaba la tormenta afuera. Se acercó e iluminó el nombre de uno de los nichos. Sarah Harper, ella tomó la flor seca que estaba allí y la aplastó con su mano y entonces, comenzó a llorar inconteniblemente y cayó de rodillas en el suelo y se acostó allí, haciéndose un ovillo. La cabeza le palpitaba pero después de unos minutos dejó de importarle todo y se quedó dormida.
-Jethro Wilson, entró en la tumba donde se había quedado dormida la chica. La había seguido. Temía que se hubiera herido o golpeado cuando su auto derrapó. Quería asegurarse de que llegara bien a su casa. Debía asegurarse de que estaba bien y no quería que nadie se aprovechara de su estado de ebriedad. La había estado viendo cuando venía en su auto y bebió bastante. Se acercó a leer la inscripción en el nicho. Sarah Harper, amada madre y esposa. Entonces la miró tirada en el piso y acurrucada y dijo:
-Así que ese es el dolor que oculta tu sonrisa y actitudes soberbias.-dijo Jethro, levantándola para llevarla en brazos –la tormenta se había calmado y ya era una lluvia suave lo que estaba cayendo la embarcó en la parte de atrás del auto y condujo a su apartamento. Tenía tres años viviendo allí, jugando para un equipo de la liga francesa, sus números no estaban mal y hacía tiempo que venía pensando en la posibilidad de volver a casa, pero nunca había sentido el apremio de hacerlo, por lo que tal vez ahora lo haga-se dijo mirando a la chica rubia desmayada en el asiento trasero de su auto-