Steven sabía que los planes de su hermano eran una locura, fueron aún más locos cuando dijo que la entrenaría él mismo.
Creyó que su hermano solo estaba diciendo tonterías, pero no fue así.
A las tres de la mañana, Darius hizo una pausa de todas sus obligaciones y apareció en la habitación de Elara.
Ella se encontraba profundamente dormida, él le tocó su hombro con la mano fría y cuando ella abrió los ojos y lo vio, dio un grito que Darius tuvo que cubrirle la boca enseguida.
—¡Cállate! —murmuró firme cerca de su rostro —. Levántate y vístete, vamos a salir.
Ella negó moviendo la cabeza, él le quitó la mano de la boca y dio dos pasos atrás.
—No puedo salir, aún me duele el pie y…
—No te duele nada, y no me hagas perder el tiempo.
—Es cierto…
—¿Quieres que vaya por la ropa yo mismo?
—¿Qué?
Ella no lo entendió hasta que él se dio la vuelta y fue a su armario para sacar la ropa, saltó de la cama en el momento que vio que tenía su ropa interior en la mano.
—¡NO! ¡No toques eso!
—Así que ya no te duele el pie —señaló abajo.
Muy tarde Elara se dio cuenta que estaba de puntillas frente a él, ahora ya no tenía excusas.
—Tienes dos minutos para salir y ponte algo cómodo —le ordenó Darius antes de salir.
Elara tuvo que cambiarse de prisa, porque ya lo conocía lo suficiente para saber que era capaz de volver a entrar y está vez sacarla él mismo.
Minutos después lo siguió hasta un salón amplio dónde habían colchonetas, pesas, cuerdas y todo tipo de objetos para hacer ejercicio.
—¿Qué hacemos aquí? —titubeo.
—Cuando el jardinero te atacó tuviste la oportunidad de defenderte y no lo hiciste porque no sabes hacerlo.
—Ahh… es que todo pasó muy rápido…
—El vampiro te hizo daño y ahora será ejecutado…
—¡¿Qué?! —exclamó ella —. ¡No! ¡No pueden hacer eso!
—No tendría que pasar si lo hubiera detenido antes de que te lastimara.
—Es que todo fue mi culpa, tú me habías dicho que no saliera y aún así lo hice, por favor no le hagan nada, soy yo quien tuvo la culpa.
—Entonces, estas aceptando tu responsabilidad.
—¡Por supuesto!
—Atacame.
—¿Cómo?
Elara se quedó confundida cuando vió a Darius parado frente a ella moviendo las manos para que se acercara.
—Atácame, enséñame que es lo que harías si hubiera sido yo.
—Yo no creo…
—¿Quieres salvar a ese vampiro o no?
Fue confuso para Darius saber que Elara no quería que el vampiro que le hizo daño no perdiera la vida. Aunque fue una pequeña mentira. En realidad, el vampiro se encontraba encarcelado y el plan era dejarlo ahí hasta después de la reunión con el consejo, incluso pensaban que podría ser un testigo importante sobre la situación de Elara y los lobos. Pero ahora tenía que hacer que esa loba híbrida sobreviviera y para eso tenía que saber defenderse.
Elara colocó un pie frente al otro y levantó sus manos formando un puño, hizo esa postura un segundo y corrió hacia Darius con un grito exagerado.
No le costó nada a Darius tomarla del brazo, darle la vuelta y sujetarla.
En un segundo, Elara había ido contra él y al siguiente ya la tenía atrapada entre sus brazos.
—Ese grito fue absolutamente innecesario.
Elara pudo sentir el leve roce de sus labios y el aliento contra su piel. Un cosquilleo llegó a su vientre enseguida, pero él la soltó y ella usó toda su fuerza de voluntad para no caer.
—No sé qué fue peor, tu postura, tu ataque o ese ridículo grito.
—Lo lamento… es que… enfoque todo en mis estudios y ya no pude entrenar.
—Un lobo sin entrenamiento, eso es raro.
—Ahh… no para las hijas del Alfa, podemos elegir.
—¿Y tú lobo?
Era mala idea tener una conversación con Darius, era como si intentará exponerla, pero por ahora tenía que actuar como la hija del Alfa o la mat4rían.
—No voy a mostrarme así frente a ustedes —dijo a la defensiva —. Podrían verme como una am3naza y me mat4rían.
Darius aceptó que Elara era bastante astuta con sus respuestas.
—Basta de charla, empezarás con lo básico —dió un par de pasos atrás y movió las mano —. Vamos de nuevo.
—¿Qué? —dudó ella.
—Quiero ver tus movimientos de nuevo, vamos.
—No creo que este bien atacarte otra vez —titubeo.
—Hazlo o lo haré yo.
Elara lo dudó un segundo antes de moverse y correr hacía él con la mano empuñada. Darius se movió apenas, tomó la mano de Elara con ligereza y la lanzó al suelo, la sostuvo antes de que cayera, se paralizó un segundo al sentir su aroma entrando a su nariz, pero logró controlarse y la soltó.
Esa era la razón por la que nadie más podía enseñarle a defenderse.
—Eres muy lenta y ese fue el peor golpe que he visto —señaló —. Creí que los lobos peleaban todo el tiempo.
—Yo… soy la hija del Alfa —mencionó al recomponerse —. Y no me envían a pelear.
Definitivamente las respuestas astutas eran lo suyo, encontraba una muy rápido.
—Entonces no sabes ni lanzar un buen puñetazo —Darius se acercó y la tomó del brazo, ella intentó evitarlo, forcejearon un poco, pero al final Elara cedió ante él.
—Coloca tus piernas así y tu brazo aquí —la colocó en posición de ataque, cuando Elara se dio cuenta que solo le estaba ayudando se lo permitió. Parecía como si en realidad él quisiera que no le pasará nada.
Steven los observó desde la ventana superior, pensó que Darius le haría algo a Elara, pero no fue así, realmente le estaba enseñando a como defenderse y hasta parecía que se estaban llevando bien, eso era bueno, al menos tendrían un poco de paz, aunque tenía que admitir que le daba un poco de lastima Elara. En cuanto el consejo sepa que es mitad humana y que su padre la envió ahí como carnada, será ejecutada junto con el Alfa, ella no parecía una mala persona y por lo que Damon dijo, tampoco tenía idea del plan del Alfa.
Cuando Steven llegó a casa, Claire lo esperaba con dos copas de sangre.
—¿Cómo se encuentra Elara? —le preguntó de inmediato —. ¿Crees que pueda ir a verla ya?
Steven le acarició la mejilla, después del incidente, Darius volvió a restringir aún más el acceso al palacio, cada vez habían menos vampiros en el lugar y eso significaba que Claire tampoco podía volver a entrar. Sin embargo, había estado preocupada por Elara todo este tiempo, preguntando por ella y queriendo verla para pedirle perdón porque se sentía culpable por lo que sucedió, Steven intentaba calmarla, pero ella volvía a preguntar a la noche siguiente.
—Aún no, ya te dije que te lo diré en cuanto autoricen la entrada.
—Espero que no me odie, fue mi culpa.
—Claro que no, nadie podía anticipar que ese jardinero lo iba a hacer, nadie te culpa te lo aseguro.
Menos mal, pensó ella.
Claire ni siquiera lo había planeado y aún así logró salirse con la suya, aunque casi que no, porque lo ideal era que esa híbrida muriera con el vampiro, pero no esperaba que el Rey fuera a salvarla, ¿era posible que Darius sintiera algo por ella?
No, claro que no. Estaba completamente segura que Darius era el vampiro que más odiaba a los lobos y más a una híbrida. Solo era cuestión de tiempo para acabar con ambos y así Steven sería el rey y ella sería la reina de los vampiros.