cuarenta y dos

1905 Palabras

Todo el enojo que se había acumulado en mí, se había evaporado como por arte de magia al escuchar sus palabras. - ¿Escuchaste verdad? -le pregunté. Ella apretó sus labios. -Perdón... perdón yo no quería escuchar. Lo único que quería era escucharte tocar -se disculpó. Sonreí y acomodé un mechón de su cabello. -Prometo que voy a hacer un concierto para ti sola -dije. Entonces se acercó a mí y me abrazó. Aquel extraño gesto mandó un escalofrío por todo mi cuerpo. Me quedé inmóvil, pensando en que hacer. Reaccionando, mis brazos se levantaron y la envolvieron. Atiné a esconder mi rostro en su cuello y acercarla más a mí. Era tan extraña la sensación volátil y tonta que me invadía. Su perfume era tan delicioso y adictivo. Con sutileza froté mis labios contra su piel. -Suéltame Emery,

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