Capítulo 23.- Todo va a estar bien.

1114 Palabras
«—Por favor no me sueltes», escuchar el tono de voz en que lo pide hace estremecer cada parte de mi ser. Es entonces que caigo en cuenta de que se encuentra en problemas y pide mi ayuda con desesperación. Quería volver a coincidir con ella, pero no de este modo, pero si el destino quiere que sea de esta manera, ¿Quién soy yo para negarme? —Tranquila, todo va a estar bien. —la aferro más a mi cuerpo. Asiente con leve movimiento de cabeza, espero a que pase quien la está persiguiendo para salir del lugar, pero antes de hacerlo recuerdo que no vengo solo y no puedo dejar a mi madre sola. Dos hombres pasan por nuestro lado sin percatarse de ella y aprovecho la oportunidad para salir como alma que lleva el diablo del lugar. No me di cuenta en que momento nuestras manos se entrelazaron, pero debo admitir que su contacto me agrada. Caminamos con pasos apresurados y al llegar a la mesa donde se encuentra mi madre, esta me mira sorprendida al notar que tengo compañía. —Luego te explico, pero vámonos. —Ya cancelé la cuenta, entonces vamos. Los tres salimos sin mirar atrás y en menos tiempo del que tenía previsto nos encontramos en el interior del auto. Justo ahora le agradezco a Enzo por haber insistido en que le colocara papel ahumado a los vidrios. Sin tiempo que perder piso el acelerador para desaparecer por las calles de la ciudad sin mirar atrás. Mi hermosa remolacha va sentada en la parte trasera junto a mi madre. Por lo que puedo notar le cae bien. No dejo de observarlas por el espejo retrovisor mientras comparte una especie de comunicación visual. Voy a pensar que estas mujeres son unas brujas que, sin necesidad de hablar en voz alta, lo hacen con una simple mirada. Por un instante pienso si llevarla a casa será apropiado, no quiero dar explicaciones sobre su presencia. Pienso que será mejor dejar a mi madre en casa mientras a ella la llevo a mi departamento. Sé estarán preguntando que hace un hombre con un apartamento de soltero y la respuesta es simple, muchas veces necesito tener privacidad, una que en casa de mi madre no podre tener. Al parecer mi madre lee mis pensamientos y no pierde oportunidad en hacérmelo saber. —Déjame en casa, primero soluciona lo que tengas que solucionar —Gracias madre. —asiento con un leve movimiento de cabeza. En pocos minutos me encuentro ingresando al estacionamiento de la casa. Una vez estaciono el auto soy el primero en bajar para abrir la puerta donde viene mi madre. Tiendo la mano para ayudarla a salir y ella sin rechistar lo hace. —Sé que luego me vas a contar, solo te pido que tengas cuidado hijo. —Claro que sí mamá. —dejo un tierno beso en su frente y la acompaño al interior de la casa. Una vez la dejo en la comodidad de su habitación bajo corriendo al despacho en busca de las llaves. Cuando las tengo entre mis manos corro como alma que lleva el diablo hasta el auto para encontrarme a mi hermosa remolacha ya más calmada. Entro sin decir una palabra pisando nuevamente el acelerador para ir rumbo a nuestro nuevo destino. Durante el trayecto vamos en absoluto silencio. Solamente me dedico a observarla cada cierto tiempo por el espejo retrovisor. Media hora después entro al estacionamiento y dejo aparcado el auto en el lugar de costumbre. Al bajar ella también lo hace sin pronunciar una sola palabra, simplemente se dedica a seguir mis pasos entrando al ascensor. El ascenso lo hacemos en absoluto silencio, puedo darme cuenta que va perdida en sus pensamientos. tiene la mirada fija frente a las puertas metálicas. El sonido de la campanilla nos indica que hemos llegado a nuestro destino. Las puertas se abren y le hago seña con la mano para que sea la primera en salir. camino al lado de ella y abro la puerta. Una vez en el interior de mi cómodo departamento soy el primero en romper con el silencio. —¿Deseas algo de tomar? —Un poco de agua está bien. Camino en dirección a la cocina regresando con dos vasos de agua, uno para ella y otro para mí, aunque lo que más deseo tomar es un vaso de whisky. —Disculpa por lo que pasó hace un rato. —toma un sorbo de agua con manos temblorosas. —Pierde cuidado, lo realmente importante en este momento es que te encuentres a salvo y fuera de peligro. —No creo estar cien por ciento segura de eso, pero me alivia mucho el haberte encontrado. Nos quedamos nuevamente sumergidos en un silencio sepulcral, pero no es incómodo. Iba a preguntar sobre el motivo por el cual se encontraba huyendo, pero el sonido estridente de su celular echó por tierra mi actuar. Quise darle privacidad y por eso me puse de pie para ir directo a la cocina y preparar algo para comer. Rebusco en la nevera y agradezco el tener para preparar una ensalada y jugo, además de otras verduras. Saco la pechuga para hacer milanesas empanizadas, las coloco en el microondas para descongelar en lo que preparo la ensalada y el jugo. Al percatarme de que no va a alcanzar coloco a hacer un poco de arroz. —Huele delicioso. —escucho su voz a mi espalda. —Es solo algo sencillo. —me encojo de hombros restándole importancia—. Solo espero que te guste. Ella me ayuda a poner la mesa y en menos tiempo de lo esperado nos encontramos degustando una deliciosa comida. Al poco tiempo terminamos recogiendo todo para lavar los platos. Ella no duda en disculparse por lo sucedido y yo simplemente le resto importancia, no sé que tan grave puede ser el problema en el que ha metido para huir de esa manera. Si ella quiere me contará, pero no la voy a obligar a decir algo que no quiere. Esta vez es mi celular el que suena, al ver en la pantalla puedo verificar que es una llamada de la empresa y no puedo simplemente no prestar atención. Le hago una seña, la cual ella entiende a la perfección y en respuesta me indica que estará en la sala. Contesto la llamada, la cual se extiende por más tiempo del que esperaba. Afortunadamente, no era algo que no se pudiera solucionar por medio de una llamada telefonica. Dejo el celular sobre la barra de la cocina para dirigirme nuevamente a la sala. Me sorprendo al verla acurrucada sobre el sofá profundamente dormida.
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