Capítulo 22.-Por favor no me sueltes.

1082 Palabras
Los días siguieron transcurriendo con normalidad, ninguno de esos tuve la dicha de volver a encontrarme con mi remolacha. De solo recordar como se puso la primera vez que le dije de esa manera una gran sonrisa ilumina mi rostro. Por más que he pensado, no logro encontrar explicación a su forma de actuar. Frente a su padre es una y cuando nos encontramos solos es totalmente diferente. Hasta he llegado a pensar que efectivamente ella puede ser bipolar y se encuentre en algún tipo de tratamiento. Tal vez cuando no se encuentra medicada se porta de manera hostil e indiferente. Eso es algo que por el momento voy a tener que dejar a un lado para poder concentrarme en mis actividades. Por otro lado, se encuentra el tema referente a la enfermedad de mi madre. Cuando me explicó lo que había sucedido y la enfermedad que tiene no pude evitar sentir molestia. Eso era algo que ella tenía que haberme contado desde un principio y no ocultarlo. Al enterarme de que mi hijo y Yara estaban al tanto, mi rabia se hizo mucho más grande, pero ella se encargó de tranquilizarme y hacerme entender que ellos obedecieron a sus órdenes. La dejé estar y prometí no tomar represalias contra ellos. Justo ahora nos encontramos en su cita médica, por más que se negó a que la acompañara no pudo lograr su cometido. Si ella es testaruda, yo también lo soy y el doble. —No debiste venir. —reprocha—. Tenías que asistir a esa reunión que era tan importante para la farmacéutica. —Sabes que no tengo problema en ausentarme, para eso se encuentran Enzo y Yara como socios de ella. —tomo su mano entre las mías dejando un beso en el dorso—. Además, ellos manejan todo a la perfección y podría asegurar que hasta lo hacen mejor que yo. —Bueno hijo, si tú lo dices, entonces está bien. —se encoge de hombros—. Ahora me puedes contar sobre esa hermosa mujer que te ha cautivado. —Madre, solo la he visto escasamente dos veces. —miento sin querer dar detalles de lo vivido durante el viaje—. No te voy a negar que es hermosa, pero nada más que ver. Además, es casada y tiene una hermosa hija. —Vaya, tú como que tienes un imán para atraer a tu vida mujeres prohibidas. —Madre, por amor a dios. Quién te oye dirá que soy un sinvergüenza mujeriego sin moral —Sabes que no lo dije en ese sentido, no te vayas por ahí, pero hijo, sé que algún día esa maravillosa mujer va a llegar a ti y te vas a acordar de mis palabras. —Bueno, dejemos ese tema zanjado, que cundo algún día ella aparezca serás la primera en saberlo. Mi madre me estrecha entre sus brazos esperanzada de que algún día encontraré la felicidad junto a una mujer, me ame al igual que yo la pueda amar a ella. Conversaos sobre la fiesta a la cual se encuentra Ethan invitado y justo me entero de que esa es la niña que tanto le gusta y no sabe qué comprar de regalo. Por lo que me cuenta mi madre, esa niña lo trae vuelto loco y no se puede explicar como un crio de tan solo siete años puede pasar por sentimientos de enamoramiento. «Creo que mi nieto será todo un casanova y rompe corazones cuando tenga la edad adulta» Al poco rato laman a mi madre para su consulta, le realizan una serie de exámenes y pruebas para verificar que su estado de salud no ha decaído. Las horas pasan mientras esperamos los resultados. Afortunadamente, todo salió bien y debe seguir con las recomendaciones que su médico le ha dado. Nos despedimos del galeno hasta la próxima cita, las cual será de rutina para seguir evaluando su enfermedad. Al salir del centro médico vamos hasta un restaurante que se encuentra cerca del lugar. Al entrar tomamos asiento en unas de las mesas que nos brinda una espléndida vista a la calle. Nos hacen entrega de la carta y pedimos un delicioso pescado con verduras, acompañado de ensalada, yuca y un delicioso vaso de jugo de naranja natural. Mi madre pide el mismo plato para ambos, alega que también debo cuidar mi alimentación porque ya no estoy en edad y condiciones para consumir tantas grasas. «Me dijo viejo con hermosas palabras» En menos tiempo del que esperaba nos encontramos disfrutando del delicioso platillo. Lo hacemos entre una charla amena donde conversamos sobre temas banales, pero que no dejan de ser importantes. También nos ponemos de acuerdo para ir con Ethan a comprar el regalo para la niña y espero que no se vaya a molestar. A pesar de su corta edad, es muy reservado con sus cosas, pero hay que estar atentos ante cualquier comportamiento. —¿Cuál será el postre? No crea que me vas a dejar sin uno. —Pide lo que quieras, solo por hoy te voy a consentir saliendo de tu dieta, pero no te abuses. —toco la punta de su nariz con mi dedo índice. La veo disfrutar de un trozo de torta de chocolate degustando cada bocado. Me llena el corazón verla tan feliz y llena de vida, no quiero llegar a imaginar lo que haré el día que ella llegase a faltar. Niego alejando esos malos pensamientos —Ya regreso, voy al baño. —Ve aquí te estaré esperando y si demoras no voy a dudar en pedir otro trozo de pastel —No abuses madre. —Deja las pendejadas y apúrate que ya me siento cansada. Me retiro del lugar para ir en busca de los sanitarios, los cuales no demoro en encontrar. Al terminar lavo mis manos y me dispongo a salir. En el camino tropiezo con alguien que al parecer se encuentra huyendo y mi suerte no puede ser más grande al tenerla a ella nuevamente parada frente a mí. Intento sonreír, pero la felicidad se esfuma al darme cuenta de la súplica que me da con la mirada. Pasos se escuchan por el estrecho pasillo haciendo que se altere mucho más y sin darme cuenta ella se lanza entre mis brazos y une nuestros labios. Por inercia mis manos viajan hasta su cintura para pegarla más a mi anatomía. —Por favor no me sueltes —susurra entre mis labios mientras todo su cuerpo tiembla descontrolado.
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