Al día siguiente despierto con más energía y ganas de comerme al mundo o mejor dicho a una hermosa pelirroja. Por más que traté de no pensar en esa maravilla de mujer no la pude sacar de mi cabeza.
No entiendo el motivo por el cual me empeño en seguir adelante con ella. Mi conciencia grita que no me meta en problemas, que recuerde que ella es prohibida para mí y que deje de pensar en algo que no va a tener futuro. Pero los designios de mi corazón son otros y estos se quieren arriesgar a seguir adelante pase lo que pase, ya luego asumiré las consecuencias.
Me levanto de la cama y voy directo al cuarto de baño. Estando listo me coloco ropa cómoda. Bajaré a desayunar en el restaurante del hotel y luego daré un paseo antes de que llegue la hora de la primera reunión.
Pero antes de hacer esas cosas llamo a casa para saber cómo se encuentran mis tesoros. Quien responde a la llamada es mi madre porque mis pequeños se encuentran en clases. Según palabras de mi madre mis princesas no hicieron más que quejarse porque no han podido hablar conmigo.
Mi madre dice que Yara las calmó diciendo que me encontraba muy ocupado trabajando y que por los cambios de horario era un poco difícil comunicarnos, pero que ella se iba a encargar de ponernos en contacto para tener esa charla.
Conversé un rato más con mi madre y al colgar camino hasta la mesa de noche para agarrar mi celular, la billetera y las llaves de la habitación.
Espero fuera del ascensor a que este llegue, veo la hora en mi reloj y me desespera estar esperando. Esa es una virtud que no poseo, todo lo quiero debe hacerse de una vez y que sea rápido y conciso, claro a excepción de ciertas cosas que requieren de tranquilidad y pasión para que salgan bien.
Finalmente, las puertas del elevador se abren e ingreso para marcar el botón que me llevará al lobby del hotel, en la recepción pediré información de donde se encuentra el restaurante.
Al llegar soy atendido por una hermosa dama quien con amabilidad me indica la dirección que debo tomar para llegar al restaurante. Llegando al sitio me doy cuenta de que ya se encuentran varios comensales, pero mi sorpresa es mayúscula cuando mis ojos se posan sobre una hermosa mujer de melena rojiza. Siento como los latidos de mi corazón se aceleran y estoy a punto de que me dé un colapso nervioso.
«Gracias diosito por esta oportunidad, esto debe ser una señal», creo que mis plegarias fueron escuchadas.
Estoy decidido a dar el gran paso, camino a grandes zancadas en su dirección, pero mis pasos son interrumpidos abruptamente cuando a ella se acerca un hombre trajeado quien no pierde oportunidad en tomarla de la mano para hacerla girar sobre sus talones, luego la estrecha en un fuerte abrazo dejando un beso descarado en la comisura de sus labios.
«¿Pero qué carajo está pasando aquí? ¿Acaso esta es la mujer del pueblo o qué coño? No creo haberme equivocado de esta manera». Niego con movimientos de cabeza y siento que estoy a punto de perder la cordura, no puedo seguir compartiendo el mismo lugar con esta mujer tan descarada.
Giro sobre mis talones para salir como alma que lleva el diablo del lugar. Cuando estoy en la entrada del hotel subo al primer taxi que se encuentra aparcado. Le pido que me lleve a un restaurante que sea cálido y de ambiente familiar.
El taxista sigue mi orden y en menos tiempo de lo esperado ya se encuentra aparcado frente a un restaurante, creo que se encontraba muy cerca o simplemente me perdí en mis pensamientos durante el trayecto al lugar. Le pago y agradezco por el servicio.
Entro al lugar tomando asiento en una de las mesas que tienen vista a la calle, inmediatamente se acerca el mesero para tomar mi orden, lo único que pido es un café cargado. De la rabia hasta el hambre se me quito.
«—¿Por qué te comportas de esa manera?, ni que fuera tu novia o algo que se le parezca, no saques conclusiones precipitadas estúpido—reprocha mi conciencia haciendo que entre en razón.»
Estaba tan sumido en mis pensamientos que no me había dado cuenta que el camarero se encontraba parado a un costado. Le agradezco y este se retira dejándome nuevamente solo.
Por más que trato de entender lo que me está pasando me niego a aceptar que estoy perdiendo la cabeza por una desconocida, si, una desconocida porque por el hecho de saber su nombre no quiere decir que la conozco. Escasamente hemos coincidido en algunos lugares, pero no quiere decir que conozca de sus gustos y defectos.
Alejo esos pensamientos para enfocarme en lo que realmente tiene importancia. Termino de tomarme el café y dejo el pago sobre la mesa y la respectiva propina. Salgo del lugar inhalando el aire fresco.
Comienzo mi andar y camino sin rumbo fijo por las calles de Nueva York.
El tiempo se pasa en un abrir y cerrar de ojos y cuando me percato de la hora, me encuentro a escasos cuarenta minutos para estar listo y asistir a la reunión con la farmacéutica. Paro el primer taxi que pasa por la avenida y le doy la dirección del hotel.
Quince minutos después tengo que bajar del taxi para caminar las escasas cuadras que me separan de mi destino, al parecer hubo un choque entre dos carros y eso hizo que el tráfico se retrasara. No estoy para perder tiempo y corro como desesperado por la acera tropezando con una que otra persona que se atraviesa. Maldigo para mis adentros por haber perdido la noción del tiempo pensando en pendejadas.
Cuando cierro la puerta de mi habitación me voy despojando de la ropa y entro al baño para darme una ducha rápida. Estos son los momentos en los que tengo que agradecer a mi madre por siempre ayudarme a tener las cosas en orden.
Salgo del baño y seco mi cuerpo en cuestión de segundos. Me enfundo en un traje de tres piezas azul marino que tenía preparado para la ocasión. Termino de arreglar los detalles de la corbata y aplico un poco de perfume.
Nuevamente salgo desesperado para tomar el taxi que me va a llevar a la farmacéutica donde tendré la reunión más importante de mi vida.
—Hemos llegado—. Anuncia el taxista.
—Muchas gracias. —cancelo y bajo del taxi arreglando mi traje.
Con pasos firmes entro al lugar y hago acopio de los nervios que están a punto de desestabilizar mi tranquilidad. Para ello aprieto el aza del portafolios que traigo en mi mano, el cual contiene los documentos requeridos para cerrar el trato.
Llego a recepción para hacer el debido chequeo y me hacen entrega del respectivo carnet de visitante. Me informan sobre el piso a que debo presentarme y eso es lo que hago. Mientras el elevador hace su ascenso no dejo de pensar en esa bendita mujer que me ha puesto el mundo de cabeza en menos de 24 horas.
La campanilla me anuncia que he llegado a mi destino, cuando las puertas se abren salgo con pasos firmes. Mis pies caminan por sí solos y me lleva hasta el escritorio donde me recibe una mujer muy sonriente.
—Buenas tardes señor Becker. —sonríe—. Tome asiento mientras lo anuncio.
—Muchas gracias. —asiento con un movimiento de cabeza para sentarme.
Unos segundos después me informan que ya puedo ingresar a la sala de juntas donde se llevará a cabo la reunión. Con los nervios a flor de piel entro a la gran sala donde se encuentran reunidos varios hombres y dentro de ellos se encuentra una mujer.
—Bienvenido señor Becker. —se levanta el hombre mientras se acomoda el saco—. Es un placer para nosotros tenerlo en nuestras instalaciones.
Con ese recibimiento tomo asiento en la silla que me fue asignada y de esa manera comenzamos con la reunión.