—Bueno, este será el primero de muchos convenios. —son las primeras palabras pronunciadas por el CEO de la Farmacéutica Aicrag & Company—, y para celebrarlo he reservado en el restaurante más fino de la ciudad y desde ya te advierto que no acepto un no por respuesta.
—Pues, si o tengo de otra que le vamos a hacer. —estrecho su mano para confirmar mi asistencia.
—Lamento que mi hija no haya podido asistir, después de todo será ella quien tome las riendas de esta empresa.
Conversamos otro rato mientras me explica como fue el comienzo de este pequeño negocio. Aprovecha la oportunidad para darme un pequeño recorrido por las instalaciones.
Me iba a enseñar un área en especial, pero fue imposible, ya que fue interrumpido por una llamada y ver, el cambio en las facciones de su rostro según fue escuchaba lo que le decían al otro lado de la línea lo altero de tal modo que terminó maldiciendo en varios idiomas.
—Lo siento Becker, pero tengo una emergencia familiar. —se disculpa tendiendo su mano para estrecharla—. Nos vemos en dos días para celebrar la firma del contrato.
—No se preocupe, allí estaré sin falta. —me despido para buscar la salida e ir a mi siguiente reunión.
***
Tres horas después me encuentro entrando a la comodidad de mi habitación. Lo primero que hago es sacar el celular y encenderlo para revisar si tengo alguna llamada y lo confirmo al ver todas las notificaciones que entra a mi celular.
Me siento en el sofá y maro el número de mi madre que es de quien tengo llamadas perdidas.
—¡Hasta que por fin te acordaste de que tenías hijas! —reclama mi pequeña princesa Danna, que es la impulsiva y va directo al grano—. ¿Acaso no te hacemos falta papi? —hace un puchero tratando de manipular la situación.
—Claro que me acuerdo de ustedes mi princesa hermosa, las he extrañado un mundo. —confieso lo que siento—, así que no pienses que no las quiero o me he olvidado de ustedes.
—Está bien papi, ¿cómo te fue en las reuniones?, ¿ya terminaste los negocios?, ¿cuándo vas a venir? —lanza una pregunta tras otra sin tomarse el tiempo para respirar.
—Eso espero, ¿papi? —hace silencio sopesando la pregunta que quiere hacer.
—Dime que estás pensando mi princesa.
—¿Ya conociste a tu futura novia? —pregunta mirando directamente a la cámara.
Quisiera decirle que conocí a esa mujer hace muchos días, pero no voy a decirle nada por qué no quiero que se haga ideas que no debe.
—No cariño, solo vine a trabajar. —la veo suspirar y esbozar una pequeña sonrisa y sé que se debe a una futura travesura—. ¿Dónde está tu hermana?
—Salió con mamá a comprar unos materiales para hacer el disfraz para nuestra presentación y también fue Ethan.
Conversamos por una hora más hasta que llega mi otra princesa, quien al verme comienza a llorar, mi pequeña Dara es la sensible y por eso llora por nada y por todo.
Cuando terminamos de conversar me despido de mis tesoros y le recomiendo a mi madre que las cuide mucho y pronto estaré de regreso.
Dejo el celular a u lado y voy directo al minibar para servirme un trago. Aprovecho y enciendo la televisión y ver un programa mientras espero a que se haga la hora de la cena y pedir servicio a la habitación, por un momento estuve tentado en salir y distraerme, pero de solo recordar lo sucedido en la mañana me lleno de rabia.
Pienso que eso es algo que no debe afectarme y por eso me levanto para ir a darme una ducha y disfrutar de la noche.
Cuando estoy listo tomo mis cosas y agarro el primer taxi que pasa frente al hotel. Cuando el taxista me pregunta a donde me voy, solo respondo que a un lugar donde pueda comer y divertirme un poco. Este en respuesta dice que me llevará a un lugar maravilloso y que no me voy a arrepentir de su recomendación.
No hago aso a sus palabras y me dejo guiar por las calles de la ciudad. Estaba tan sumido en mis pensamientos que no me había fijado que había llegado a mi destino.
Le cancelo al taxista por el servicio y giro para quedar frente a un local nocturno que tiene por nombre “Placer y Deseo”
Quise retirarme del lugar, pero pudo más la curiosidad de saber los que iba a encontrarme en el interior. Con pasos firmes paso por las grandes puertas de cristal después de que uno de los porteros la abra para mí.
Estando en el interior del club me recibe el estrepitoso sonido de la música. Camino hasta la barra para tratar de buscar un pesto libre, al parecer el lugar es tan concurrido que no cabe ni un alma.
Tomo asiento en una de las esquinas de la barra, esa en donde nadie podría percatarse de mi presencia. Detallo cada rincón del antro y puedo darme cuenta de que tiene diversas áreas para disfrutar.
—¿Qué le sirvo caballero? —pregunta una hermosa chica que atiende en la barra.
—Un whisky doble por favor.
La chica se retira para traer mi orden cuando por los altavoces se escucha al presentador anunciando el show de la noche. Los hombres que se encuentran cerca de la pequeña tarima gritan como desesperados y no entiendo el motivo por el cual lo hacen.
—Aquí tiene su bebida y disfrute del espectáculo. —esboza una gran sonrisa guiñándome un ojo y retirándose para atender a otro cliente que se apersona a la barra.
—El lugar está a reventar y todo por el show que viene a continuación. —espeta el hombre sentándose a mi lado mientras toma un sorbo de su trago—. ¿Es la primera vez que viene?
—Sí, solo estoy de paso. —respondo sin quitar la mirada del escenario que ahora ha cerrado sus cortinas preparando todo para el gran show.
—Entones vas a seguir asistiendo luego de que veas a la Diosa bailar.
—¿Diosa? —frunzo el ceño.
—Si amigo mío y puedo asegurar que una vez que la veas o vas a querer apartar los ojos de semejante mujerón. —termina de tomar su bebida en un solo sorbo—. Créeme que no miento, te hechiza de tal manera con esos hermosos ojos grises que no vas a poder siguiera dormir sin haberla tocado, pero con esto no quiero decirte que es una mujer como las demás, es todo lo contrario. Muchos la desean, pero ninguno ha podido siguiera besarla.
Y de repente se abre el telón y desde el techo se despliegan unas cintas color rojo, de una de ellas baja una mujer vestida para matar a cualquiera de un maldito infarto. Las prendas solo cubren lo necesario y hasta alguien que reía muerto acaba de resucitar formando en mis pantalones una terrible arpa que no voy a poder disimular.
—Y con ustedes, la única e inigualable “Diosa del deseo”.
El lugar estalla en gritos y bitores, son muchas las palabras que salen de sus bocas, unas poco decorosas y otras y otras de halagos.
Camino apartando a unos cuantos tratando de acercarme lo más que pedo hasta donde se encuentra la pequeña tarima y al llegar justo a la primera fila mis ojos se abren como platos al reconocer a la mujer que se encuentra frente a mí.
«¡Esto no puede ser cierto!» …