Me quedo petrificado en el lugar sin saber qué hacer, son muchas las formas que pasan por mi mente para sacarla de este lugar.
Ni en mis peores pesadillas llegué a imaginar que ella se dedicara a hacer esta clase de cosas.
«¿Acaso estos era los supuestos negocios a los que ella se refería en nuestra corta charla?», intento sacar esos pensamientos de mi cabeza porque no quiero crear falsas expectativas sobre ella. Tal vez tenga un motivo por el cual lo hace, seguro debe ser un pequeño pasatiempo para deshacerse de tanto estrés.
Giro el rostro para buscar alguna mesa cerca de la tarima y de esta forma poder estar al pendiente de cada uno de sus movimientos.
Para esperar le hago señas al mesero de que traiga una botella, la cual no demora mucho tiempo en llegar. Mientras tomo cada trago como si la vida se me fuera en ello, observo como esa hermosa tentación de la naturaleza mueve su cuerpo seductoramente.
Cada movimiento es un llamado al deseo de querer perderse en cada centímetro de su piel.
«¡Maldición, ahora no te pares!», doy varias bocanadas de aire tratando de controlar las sensaciones que están a punto de apoderarse de mi cuerpo.
Cuando el show llega a su fin no la pierdo de vista, quiero conversar con ella y pedirle explicaciones que estoy seguro o me va a dar. Dejo un billete de cien dólares debajo de la botella que no terminé de consumir.
Camino con pazos apresurados hasta llegar a un estrecho pasillo por el cual la veo entrar y perderse en una puerta de madera. Me armo de valor y por eso con la mano sobre el pomo, lo giro y frente a mí aparece ella despojándose de la ropa que llevaba durante el baile.
Cuando se percata de mi presencia, pega un grito que sería capaz de despertar a cualquier difunto.
—¿Qué demonios haces aquí? —pregunta mientras trata de buscar algo con que cubrir su hermoso cuerpo semidesnudo.
—No grites, por favor. —pido cerrando la puerta con seguro para caminar en su dirección—, disculpa no quise…
—¿No quisiste qué? —enarca una ceja seductoramente, lo que hace que alguien despierte sin previo aviso— ¿verme desnuda?, ¿pedir explicaciones?
—Si te digo que no sería mentir, pero que le vamos a hacer si el sueño se hizo realidad. —me encojo de hombros tratando de restarle importancia al tema o simplemente evitar algo que deseo que pase entre los dos.
—Si lo que quieres es hablar conmigo sería mejor que salgas y esperes a que me pueda poner un poco presentable ¿Te parece?
Afirmo con un leve movimiento de cabeza y ates de salir del pequeño camerino, le digo que la espero en la parte trasera del local.
Salgo del lugar con el corazón latiendo a mil. Por más que me digo que las casualidades no existen, cada vez me doy cuenta de que el destino obra a favor o en contra de alguno de los dos.
Como lo había prometido la espero en la parte trasera del local, desde este lado se puede escuchar el gran bullicio del lugar. La música es tan estruendosa que me está empezando a doler la cabeza. De repente siento como la puerta se abre para darle paso a la pelirroja con una deslumbrante sonrisa en sus labios.
—¿A dónde vamos? —coloca un mechón de su cabello detrás de su oreja.
—A donde tú quieras. —digo de manera descarada queriendo que me haga una propuesta indecente.
—Entonces vamos a cenar porque muero de hambre.
Sin tiempo que perder paro el primer taxi que pasa por la avenida para ir en búsqueda del lugar perfecto, uno que nos permita tener una agradable conversación si ser interrumpidos.
—En la próxima esquina cruce a la izquierda, por favor. —indica al taxista mientras vamos en el camino—. En ese lugar preparan las hamburguesas más deliciosas del mundo.
Llegamos al lugar que ella había propuesto y tal como lo había dicho, las hamburguesas son maravillosas.
—Sabía que te iba a encantar. —afirma dándole un delicioso mordisco a la hamburguesa.
—Lo admito, son deliciosas. —respondo mientras limpio con mi dedo un poco de salsa en la comisura de sus labios.
De un momento a otro se crea una extraña burbuja, el mundo a nuestro alrededor desaparece para quedar únicamente los dos. La boca se me seca y siento como el deseo comienza a apoderarse de mi cuerpo.
—Quiero besarte. —inquiero tragando el nudo que se formó en mi garganta.
—¿Qué te lo impide? —responde mordiendo mi dedo en el proceso.
Haciendo caso a su afirmación y a lo que siente mi corazón, acorto la distancia que nos separa y uno nuestros labios en un beso que comienza por ser delicado.
Todo desaparece a nuestro alrededor, solamente somos los dos consumidos por el deseo y la pasión. A medida que el beso se va intensificando, también lo hace la temperatura de nuestros cuerpos.
—Creo que será mejor ir a otro lugar, uno con más privacidad. —sugiere separando nuestros labios.
—¿Estás segura de lo que pides? —enarco una ceja mientras sostengo su rostro entre mis manos.
—Completamente segura y será mejor ahora antes de que me arrepienta. —sonríe con picardía y eso es suficiente para que me levante de un salto sacando la billetera dejando el pago sobre la mesa y saliendo del lugar con ella.
La fría brisa de la noche nos recibe, caminamos sin rumbo por las calles bajo la luz de la luna. Por un instante me siento en las nubes y creo que todo es un sueño, uno del cual no quiero despertar.
Seguimos caminando por las calles en busca de ese lugar que nos brinde mucha más privacidad.
A unos cuantos metros encontramos un pequeño y modesto hotel, si más nada que pensar simplemente entramos en el lugar y es ella quien toma las riendas del momento solicitando una habitación. Una vez cancelo por el tiempo que vamos a durar, me hacen entrega de las llaves y subimos las escaleras que nos llevará al segundo piso.
Cuando al fin nos encontramos en el interior de la oscura habitación siento que o aguanto un minuto más y si previo aviso me abalanzo sobre ella apoderándome de sus labios en un fogoso y ardiente beso que promete una noche de sexo salvaje.
«Solo espero que el compañero se porte a la altura»