Mis manos recorren cada centímetro de su suave y tierna piel, siento como su cuerpo se estremece ante mi toque y eso hace que una parte de mi anatomía comience a cobrar vida.
—Creo que alguien se encuentra ansioso. —susurra separando un poco sus labios de los míos—. Debemos aprovechar el poco tiempo que tenemos y luego si te vi no me acuerdo ¿ok?
—No estoy de acuerdo, pero no me queda de otra mi dulce remolacha. —muerdo su labio inferior.
Sin más palabras que aportar al momento simplemente nos dedicamos a retirar de nuestros cuerpos la ropa que para ese entonces nos estaba estorbando.
Estando totalmente como dios nos trajo al mundo nos dedicamos a disfrutar de la vista que cada uno le ofrecía al otro Una leve sonrisa se dibujó en esos hermosos labios, cosa que me hizo estremecer. En los años que tengo de vida nunca una mujer me había visto de la manera en que ella lo está haciendo en este momento.
—Para ser un abuelito, debo decir que te encuentras en perfectas condiciones físicas. —pasa su dedo índice desde la punta de mi nariz, bajando seductoramente hasta llegar donde se encuentra mi masculinidad totalmente erecta y lista para la acción—. Solo espero que la máquina trabaje a la perfección y no se quede a medias —dibuja una sonrisa maliciosa.
—Eso es algo que vamos a demostrar con hechos.
Sin más la atraigo a mi cuerpo y uno nuestros labios en un beso hambriento y lleno de deseo contenido.
La recuesto sobre la cama repartiendo besos desde la punta de sus pies hasta ir subiendo y llegar al centro de su placer. Ella para hacer más fácil la tarea se abre completamente para darme la vista más maravillosa.
Sin pérdida de tiempo paso mi lengua por sus pliegues deleitándome con su exquisito sabor, creo que eso de que si te vi no me acuerdo va a quedar en el olvido, porque después de saborear y disfrutar a esta diosa no me voy a poder separar de ella.
Sus manos tiran de mi cabello haciendo que quede mucho más inmerso entre sus piernas, mientras me deleito con su delicioso sabor mis manos viajan hasta sus pechos y masajearlos al mismo tiempo.
—Demonios Fred. —gime mi nombre y se escucha maravillosamente—. Quiero más, mucho más
Yo como todo hombre obediente hago caso a su petición. Me levanto en toda mi altura y la tomo por ambos brazos para atraerla hasta pegarla por completo a mi cuerpo. Estando uno tan cerca del otro hago que sienta como me tiene y ella cual descarada toma mi longitud entre una de sus manos para acariciarlo descaradamente sin cohibirse. Como toda experta hace movimiento de adelante hacia atrás haciéndome gemir en el proceso.
Siento que no puedo más y es por eso que tomo una de sus esbeltas y largas piernas para colocarla sobre mi cadera y entro en ella de una sola estocada. Ambos gemimos a causa del placer.
Siento que no puedo más y es por eso que la incito a que suba su otra pierna en mi cintura, de esta forma siento como entro un poco más y comienzo con movimientos lentos, pero certeros. Quiero que ella disfrute de este momento y que nunca en su puta vida se olvide de mi.
Las embestidas van aumentando con el pasar de los minutos, nos besamos como si no hubiera un mañana, no sé en qué momento fuimos a parar a la cama, pero le hago el amor como creo no haberlo hecho antes.
Ambos nos encontramos sumergidos en una vorágine de deseo. Entre besos y caricias nos entregamos hasta quedar consumidos por el placer. Luego de un orgasmo arrasador caemos lazos sobre la cama. Mientras el sudor recorre cada parte de nuestros cuerpos y nuestras respiraciones se acompasan, no hago más que abrazarla cerrando los ojos para no olvidar este momento.
—Después de todo aún tienes cómo responder. —dice con picardía, mientras acaricia mi rostro.
—Eso es solo una muestra de lo que este humilde abuelo te puede llegar a hacer. —bajo el rostro tomando sus labios y perderme en sus hermosos ojos, sin saber que ella sería mi perdición.
Luego de besarnos, acariciarnos y hacer el amor nuevamente, ambos quedamos profundamente dormidos uno en brazos del otro.
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Me remuevo inquieto sintiendo como si algo me hiciera falta. Abro los ojos recordando lo que pasó la noche anterior y mi sorpresa es grande cuando la busco, pero no encuentro rastro de ella por ningún lado. Me levanto con una gran sonrisa en los labios sintiéndome pleno por primera vez después de tanto tiempo.
Buscar a mi hermosa remolacha por algún rincón de la habitación sería una pérdida de tiempo. Recuerdo las palabras que citó ayer, esas que de si te vi no me acuerdo hacen que me de un una punzada en el pecho, de solo imaginar no volver a verla me entristece, puede que tal vez la vida la puso en mi camino para vivir el momento y poder tener un rato de felicidad.
Me levanto para entrar al baño y darme una ducha rápida. En poco tiempo ya me encuentro totalmente vestido y arreglado con la misma ropa del día anterior. Antes de salir me percato de una pequeña nota que se encuentra sobre la mesa de noche e inmediatamente la tomo entre mis manos para guardarla en el bolsillo de mi pantalón.
Salgo del hotel renovado y hasta podría asegurar que soy un hombre nuevo, diferente. Miro la hora en mi reloj y puedo confirmar que falta poco para que sean las once de la mañana.
Al llegar a la avenida paro el primer taxi que pasa y le indico la dirección a la cual ha de llevarme. En cuestión de quince minutos ya me encuentro en la comodidad de la habitación del hotel.
Mi celular comienza a sonar y respondo sin darme cuenta de quién es el remitente, mi corazón late descontrolado al escuchar al otro lado de la línea las voces de las mujeres de mi vida.