Las horas siguieron pasando y en ningún momento he dejado de pensar en todo lo que pasó con esa hermosa pelirroja o mejor dicho mi remolacha como así la llamé. Sé que no le gustó el apodo que le di, pero no me reprochó nada al respecto.
Me siento como un adolescente enamorado y no hago más que sonreir como un idiota a causa de eso.
El día de ayer lo aproveché para asistir a la última reunión que tenía pautada y por haber salido temprano lo dediqué en salir a caminar por las calles de la ciudad para comprar pequeños detalles, los cuales son para mis amores.
Finalmente, hoy es el gran día y justo en este momento me encuentro parado frente al espejo terminando de arreglar el nudo de la corbata, esa que Yara guardó en mi equipaje junto al traje. Ella junto a mi madre parecen dos mamá gallinas, no importa la edad que tengamos los hombres de la casa, ellas siempre nos van a tratar de la misma manera.
Estando listo agarro de la mesa la cartera, el celular y las llaves de la habitación. Antes de salir había pedido a la recepcionista que pidiera un taxi y me avisara apenas este se encontrara disponible.
Entro al ascensor cerrando los ojos haciendo repaso de los acontecimientos que se han dado en estos días, por más que el busque una explicación no le encuentro ninguna. Simplemente lo acredito al destino que ha puesto a esa mujer en mi camino por alguna razón.
El sonido de la campanilla me regresa a la realidad avisando que ya he llegado a mi destino. salgo del ascensor para caminar hasta el lobby donde la recepcionista me informa que el taxi ya se encuentra esperando por mí. Sin tiempo que perder camino hasta la salida y subo a la unidad, le indico la dirección a la cual debe llevarme y en menos de treinta minutos me encuentro parado frente a la empresa Aicrag & Company.
Le pago al taxista por su servicio y con pasos seguros camino hasta el interior de la empresa. Al llegar a la recepción me identifico e inmediatamente me entregan el carnet que me identifica como visitante. Acorto la distancia que me separa del elevador marcando el numero del piso al cual me dirijo.
Este hace una parada en el quinto piso para que ingresen un par de personas, para ser específicos un hombre y una mujer. Me hago hasta el final del ascensor para no ser partícipe de la pequeña discusión que mantienen y para ello saco mi celular y le mando un mensaje a mi madre para saber como se encuentran mis tesoros.
Al poco rato recibo respuesta de parte de mi madre, donde indica que todo está a la perfección y que puedo estar tranquilo.
—¿Estás seguro de que ella no sospecha nada? —interroga la mujer en un tono de voz preocupado.
—Esa estúpida no tiene ni la más mínima idea de nada.
Enarco una ceja ante las palabras del hombre, que por alguna extraña razón creo que lo he escuchado anteriormente, pero en el momento no recuerdo.
—Además, ella no es lo más importante, sino su estúpida hermana. Tengo que tener mucho cuidado o de lo contrario todo se va a ir a la mierda.
—Entonces tienes que ser más precavido.
—Deja las manos quietas. —espeta el hombre— ¿Acaso no te das cuenta de que tenemos compañía? —reprocha el hombre y yo ni me inmuto en siquiera levantar el rostro para ver de quien se trata.
El ascensor hace una nueva parada y estos salen, pero antes de que puedan desaparecer levanto la mirada hacia ese par sorprendiendome de quien se trata y ese hombre no es más que el que me encontré en el parque arrastrando a la pequeña Esmeralda.
«¿Qué hace ese hombre aquí? ¿Estará haciendo algún negocio o trabaja en esta empresa?», la sangre me hierve de solo recordar su comportamiento aquel día y me dan ganas de agarrarlo para darle una buena lección, pero aparto esos pensamientos porque no es algo que me incumba y que no tiene nada que ver conmigo. O eso era lo que pensaba hasta este momento, pero más adelante las cosas iban a cambiar y yo tenía mucho que ver con ese problema.
Las puertas nuevamente se cierran para seguir mi camino y en unos pocos segundos las puertas se abren nuevamente para llegar a mi destino. Salgo para ir directo a donde se encuentra la secretaria del señor Aicrag.
—¡Buen día señor Becker! —saluda la secretaria con amabilidad y una amplia sonrisa en su rostro—. El señor Aicrag se encuentra en una reunión en este momento, tome asiento mientras le informo de su llegada.
—Muchas gracias. —asiento con un leve movimiento de cabeza—. De todas maneras no tengo prisa, puedo esperar.
—Siendo así. —hace un ademán con su mano—, entonces le puedo ofrecer un café o un té mientras espera.
—Un café está bien.
Asiente con un leve movimiento de cabeza y camina hacia una de las puertas que se encuentran a un costado de su escritorio. Al poco rato sale nuevamente haciendo entrega de una taza de café junto a unos panecillos que huelen a gloria.
Le agradezco por el gesto y tomo el café en pequeños sorbos, ya que se encuentra hirviendo. Mientras espero termino de tomar el café y agarro una de las revistas que se encuentran sobre la mesa de centro.
Paso cada una de las páginas y lo único que veo son noticias relacionadas con la farándula, pero uno de los articulos llama mucho mi atención y es que en una de las fotos se encuentra el hombre que será mi nuevo socio, junto a una hermosa mujer pelirroja, sus facciones se parecen mucho a una que muy bien conozco, pero niego ante la idea de que ella tenga que ver con ellos.
En el artículo se dice que el gran matrimonio va a celebrar su aniversario dentro de unos pocos días y que será el evento más grande que se haya presentado en la historia. Dice algo referente a sus hijas, pero no hay foto de ninguna de ellas.
—Veo que ha tenido el placer de conocer a mi flamante esposa.
Alzo la mirada para encontrarme a un muy sonriente Arturo Aicrag.
—Pero le aseguro que debe ser mucho más guapa en persona.
—En eso tienes toda la razón. —sonríe ampliamente—. Vamos que tenemos un contrato por firmar y una celebración que realizar.
Dejo la revista a un lado, la cual si hubiera visto al esta caer al suelo me habría dado cuenta de quienes eran las hijas de mi nuevo socio.