Finalmente, firmamos el contrato que ahora nos acredita como socios. Nunca pensé que este proyecto se llevaría a cabo, pero debo admitir que Yara es una mujer de armas tomar y que con el pasar del tiempo ha adquirido mucha experiencia.
―Es todo un placer hacer negocios. ―estrechamos nuestras manos sellando el trato―, espero que vaya a la fiesta, para mí sería todo un honor que asistiera.
―No tenga duda de ello, allí estaré sin falta.
―Siendo así, entonces nos vemos mañana a las ocho.
Con otro apretón de manos y una palmada en la espalda nos despedimos. Salimos de la oficina y me despido de su amable secretaria mientras el señor Aicrag se queda dando una serie de instrucciones a su asistente.
Lo primero que hago al salir del edificio es marcar el número de mi hijo para darle la buena noticia. A la segunda timbrada este me atiende. Converso con mi hijo en lo que voy dando pasos por las calles de la ciudad sin percatarme de que estaba siendo observado. En el momento no le presté la mínima atención porque iba muy feliz.
Lo pongo al tanto de los pormenores y solo queda que pasen las horas para asistir a la fiesta a la cual fui invitado No perdí el tiempo en preguntar por mis tesoros, quienes no han hecho más que preguntar a cada rato por mí.
«Solo faltan horas mis amores», con ese pensamiento sigo mi camino hasta encontrar un taxi y regresar al hotel donde me estoy hospedando.
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Desde que me levanté no he dejado de sentir una extraña opresión en el pecho. Lo primero que hice antes de ir al baño fue agarrar el celular y llamar a casa para saber cómo se encontraban.
― ¡Buenos días, madre! ―saludo sin saber quién se encuentra al otro lado de la línea.
― ¡Buenos días mi cielo! ―escucho la voz de mi madre al otro lado―. ¿Cómo van los negocios? ¿Ya regresas?
―Aún no. ―respiro aliviado al escuchar su voz calmada―. Hoy debo asistir a una fiesta, es el aniversario de bodas del nuevo socio y ya sabes, no pude rechazar la invitación.
―Claro corazón, eso sería descortés de tu parte.
Luego de conversar por una larga hora con mi madre, en donde me puso al tanto de los acontecimientos que han sucedido en mi ausencia, termino por colgar la llamada. Por más que ella insistió en que todo estaba bien, algo en su tono de voz la delató, no quise seguir insistiendo porque es algo que quisiera hablar con ella personalmente. Sé que oculta algo, pero es un tema que no se puede tratar vía telefónica.
Me levanto para darme una ducha rápida y cepillarme los dientes. Cuando estoy listo pienso si pedir servicio a la habitación o salir a comer fuera. Después de pensar por un rato, me decido por salir a comer fuera, quiero despejar la mente y pensar bien lo que voy a hacer de ahora en adelante.
Estando en la entrada del hotel, la brisa fresca golpea mi rostro, disfruto de la sensación por un instante antes de caminar por las calles de la ciudad sin rumbo fijo. Unas cuantas cuadras más y llego a las puertas de un pequeño restaurante que tiene por nombre “Dos Caminos” es un restaurante de comida mexicana, eso llama mi atención porque nunca he comido un plato de ese país y es por ello que entro sin dudar.
Estando en el interior del local, me recibe una señora de edad con amabilidad y una gran sonrisa que ilumina su rostro.
―Buen día caballero, tome asiento. ―me indica haciendo entrega de la carta, la cual observo detenidamente sin saber que pedir.
―Lo dejo a su gusto y espero que me sorprenda con un delicioso platillo.
―Verá que no se va a arrepentir, le va a encantar tanto que va a regresar
Asiento con un leve movimiento de cabeza esperando lo que la mujer va a traer para sorprenderme según ella.
Al cabo de un rato viene la mujer con una gran bandeja, la coloca frente a mí y va indicando su contenido. Uno de los platos es un delicioso pozole, acompañado de tacos de canasta. Todo huele tan bien que creo que terminaré por chuparme los dedos.
Minutos después me encuentro caminando para hacer digestión todo lo que me comí. La señora tenía razón al decir que iba a quedar totalmente satisfecho y con ganas de volver, pero eso sería en un largo tiempo, ya que no vivo en este lugar y solo vendría en vacaciones o si se llegara a dar alguna otra reunión.
Camino hasta un pequeño parque donde se encuentran unos cuantos niños jugando con sus niñeras. Camino hasta sentarme en uno de los bancos con la mirada puesta en la nada. Recuerdos de mis pequeñas princesas vienen a mi mente y sonrío ante esos maravillosos recuerdos.
De un momento a otro siento un pelotazo que da justo en mi espalda, cierro los ojos trayendo a mi mente, lo sucedido no hace mucho tiempo en el parque donde volví a ver a mi hermosa remolacha. El corazón está a punto de salirme por la boca al imaginar que puedo encontrarme con ella nuevamente.
Por eso, giro con rapidez para encontrarme con una pequeña muy diferente a la que imaginaba y mis ilusiones se caen al suelo estrujando mi corazón.
―Lo siento, señor, no fue mi intención pegarle.
―Tranquila, pequeña, solo fue un accidente.
― ¿Seguro no está molesto? ―estruja sus pequeños dedos con nerviosismo.
―Completamente seguro, pequeña. ―busco la pelota y se la entrego, la cual recibe con una gran sonrisa y sale corriendo para seguir jugando con otro grupo de niños.
Veo la hora en mi reloj y creo que ya es tiempo de regresar, debo arreglar a maleta y descansar un poco antes de ir a la fiesta. Solo espero que todo marche bien sin inconvenientes y poder regresar a mi país para estar junto a mi familia. Pero las cosas muchas veces no son como uno las imagina y lejos estaba de pensar por lo que iba a pasar esa noche, una que iba a marcar un antes y un después en mi vida.