Capítulo 15.- Mi mujer.

1650 Palabras
Enfundado en un traje azul marino, camisa blanca y zapatos negros, me encuentro casi listo para asistir a la fiesta. Solo aplico un poco de perfume en puntos estratégicos y estando listo salgo de la habitación para dirigirme a la entrada del hotel, en donde ya se encuentra un taxi esperando por mí. Le indico la dirección al taxista a la cual ha de llevarme. Viendo la hora en mi reloj puedo darme cuenta de que voy con tiempo de sobra, quise salir una hora antes porque con el tiempo de lluvia que se avecina puede que el tráfico se ponga un poco pesado. Y como al parecer tengo boca de sapo, la lluvia ha comenzado a caer y a medida que avanzamos en el camino se hace mucho más fuerte. ― ¿Falta mucho para llegar? ―interrogo al taxista queriendo saber cuanto tiempo falta, si ya nos encontramos cerca o hace falta más camino por recorrer. ―Si no encontramos ningún accidente, podría asegurar que llegaremos al destino en menos de media hora, señor. ―responde con la mirada fija en la carretera. ―Entonces solo debemos cruzar los dedos para que así sea. El hombre solo asiente y mientras llegamos saco el celular para mandar un mensaje y saber como se encuentran en casa. Le escribo a Enzo, pero me puedo dar cuenta que el mensaje no le llega. Hago el mismo procedimiento con mi madre, pero la respuesta es la misma. «¿Será que se les descargó el celular o se han quedado sin señal?», se me hace un poco extraño y por eso le escribo a Yara, tal vez a ella si le lleguen los mensajes. Hago el último intento y casi doy un brinco de alegría al darme cuenta de que a ella sí le llegó el mensaje. Espero un instante para obtener respuesta y esta no demora en llegar. Su respuesta llega, pero no como yo esperaba. Yara Hola Fred, estamos bien. Luego te escribo, estoy un poco ocupada. La respuesta escueta que ella da, me hace saber que algo no se encuentra bien. Lo confirmo porque cuando ella me dice o escribe Fred es porque se encuentra nerviosa o no sabe como decirme algo. Intento llamar, pero se va directo al buzón. «Esto no me está gustando para nada» Salgo de mis pensamientos cuando a voz del taxista me regresa a la realidad avisando que hemos llegado a nuestro destino. La lluvia cae a cántaros y creo que si bajo así voy a estar totalmente empapado. Le indico al taxista que se acerque un poco más de modo de no mojarme tanto y este hace lo más que puede. Para más delante de la entrada y creo que es perfecto porque caminaría bajo techo y no me mojaría como pensaba. Le pago y sin tiempo que perder bajo del taxi para dar un salto a la cera. Sacudo mi traje y camino esquivando a unas cuantas personas que me encuentro en el camino. Al llegar a la entrada del majestuoso hotel, puedo darme cuenta de que este matrimonio casi lanzo la casa por la ventana. La decoración es maravillosa, digna de una celebración como esta. Camino hasta llegar a la entrada donde se encuentra una hermosa chica revisando la lista de invitados. Es cuando caigo en cuenta de que no poseo una tarjeta de invitación. Me quedo parado como un tonto al percatarme de este insignificante detalle. Hago el intento de acercarme para hablar con la chica, quien me recibe con una amplia sonrisa e inmediatamente aprovecho que no hay persona cerca del lugar. ― ¡Buenas noches, señorita! ―saludo con cordialidad. ― ¡Buenas noches, señor!, me indica su nombre, por favor. Tomo una fuerte bocanada de aire tratando de que la voz no me tiemble. Le explico que no tengo la invitación porque se me quedó en casa, al salir de prisa no me percaté de ella y me di cuenta al llegar al lugar. La veo arquear una ceja dudando de mi palabra Ella estaba a punto de negar, pero una voz conocida la interrumpió antes de decir una palabra. ―No hay problema, puedes dejar pasar al caballero. ―informa el señor Aicrag parado detrás de la joven. ―Como usted diga señor ―esboza una gran sonrisa. Camino para acortar la poca distancia que nos separa y estrecho la mano para formalizar el saludo. ―Es un placer que hayas podido venir Frederick. ―posa su mano sobre mi hombro―. Vamos, necesito presentarte a mi esposa. ―Entonces no perdamos más el tiempo. Caminamos por los amplios pasillos del hotel hasta llegar al gran salón de festejos. Por el camino nos topamos con varias personas y logro reconocer a unos cuantos, ya que hemos hecho negocios en algún momento. A la distancia veo una mujer de espaldas con una hermosa cabellera rojiza enfundada en un hermoso vestido verde esmeralda. Ambos caminamos hasta llegar al lugar donde se encuentra la mujer quien conversa amenamente con otras mujeres hermosas y distinguidas. ―Amor. ―habló el hombre a mi lado mientras se acercaba a la mujer posando una de sus manos en su cintura―. Con permiso, me voy a robar a esta hermosa dama un momento. ―Ya decía que te habías tardado en venir. ―expresa una de las mujeres mientras toma un sorbo de su copa. ―No seas dramática Lorena. ―responde la mujer haciendo un ademán con su mano y girando para quedar frente a su esposo y darle un corto beso en los labios―. Dime cariño. Mis ojos se abren como platos al detallar a la mujer frente a mí. Ahora con más razón necesito conocer a sus hijas, porque el parecido de esta en comparación con mi remolacha es demasiado evidente. ―Cariño, quería presentarte a nuestro nuevo socio. ―señala en mi dirección. ―Es todo un placer conocerlo, señor… ―Frederick. ―logro decir mi nombre tomando su mano para dejar un beso en el dorso. ―El placer es todo mío, me alegra que finalmente hayan podido cerrar el trato. ―Este será el primero de muchos y te lo puedo asegurar cariño. ―espeta el hombre con una enorme sonrisa Luego de las presentaciones nos dedicamos a conversar sobre temas de negocios, a los cuales veo que la esposa del señor Aicrag no le gusta mucho Le llama la atención comentando que no es el momento para hablar de trabajo. El hombre a regañadientes acepta y estoy totalmente de acuerdo con la señora. No veo prudente tratar temas laborales en una fiesta donde celebran su aniversario de bodas. El tiempo va pasando y con ello entablo conversación con antiguos socios, los cuales no dudan en preguntarme sobre los últimos avances. Como todo un experto hablo con ellos del tema. Estaba tan concentrado en el tema que no me había dado cuenta de la llegada de una hermosa mujer. Solo escuchaba los cuchicheos de algunos presentes y mi curiosidad fue tanta que tuve que voltear para encontrarme con la mujer que ha puesto mi mundo de cabeza. Parada a unos cuantos metros, enfundada en un hermoso vestido verde que destaca sus hermosos atributos, se encuentra mi hermosa remolacha. Los latidos del corazón empiezan a acelerarse al punto de querer salirse por la boca, hasta mi amigo creo que se ha alertado al sentir su presencia, pero no puedo dejar que se note la excitación que ha provocado en mí con tan solo verla. Quisiera caminar hasta donde ella se encuentra y sin darme cuenta mis pies comienzan a dar esos pasos acortando la distancia que nos separa. Con cada paso que doy me siento mucho más ansioso, quisiera tomarla para sacarla del lugar sin importarme quién pueda interponerse. Cuando solo faltan unos escasos pasos para llegar a su lado, un hombre que reconozco a la perfección se acerca a ella y la toma de manera posesiva por la cintura y ese no es más que aquel hombre con quien tuve un pequeño roce en el parque. «Maldición es su esposo» Me quedé paralizado en el lugar y algo en mi interior me gritaba que saliera del lugar y estaba dispuesto a hacerlo, pero la voz del señor Aicrag me detuvo. ―Frederick, que bien que te encuentras cerca. ―posa su mano sobre mi hombro impidiendo que diera un paso más―. Vamos, quiero presentarte a uno de mis más preciados tesoros. Mi hija mayor. Caminamos hasta el lugar donde se encuentra la mujer que me tiene con la cabeza en las nubes. ―Hola mi princesa hermosa, al fin llegas. ―se acerca para saludar a su hija mientras me encuentro en completo estado de shock―. Ven, quiero presentarte a nuestro nuevo socio. ―Un placer, señor Becker. ―tiende su mano para saludar notando un deje de indiferencia en su mirada. ―El placer es todo mío, señorita… ―Ekaterina. ―pronuncia tajante con voz fría, una que no le había sentido en las pocas veces que hemos tenido contacto. Me quedo con su delicada mano entre la mía y no sé por cuanto tiempo estamos así, solo me doy cuenta cuando el hombre a su lado carraspea llamando nuestra atención. ―Será que le puede devolver la mano a mi mujer. ―espeta el hombre haciendo énfasis en la palabra, mi mujer, posando su mano sobre la de ella. ―Disculpe, no fue mi intención. ―aparto la mano dejando libre la de ella, pero sin quitarle la mirada de encima, ella enarca una ceja al notar mi desconcierto y en realidad no entiendo como puede ser tan buena actriz y hacer como si nunca en la vida nos hubiéramos visto, aunque en realidad he visto más de lo que cualquiera de los presentes pueda imaginar.
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