La velada transcurre con normalidad por así decirlo. Luego de la presentación de una de las hijas de mi nuevo socio no he dejado de hacer mil preguntas en mi cabeza. No voy a negar que la mujer que se encuentra parada a unos cuantos metros de mí me desconcierta por completo.
«¿Cómo pudo olvidar ese encuentro tan placentero que tuvimos hace unas cuantas horas?»
No puedo entender como puede actuar a la perfección y creo que viene a ser cierto eso de que si te vi no me acuerdo.
Me siento como un estúpido por haber pensado que una mujer como ella podría sentir algo por un hombre como yo. Además, no creo que ella sea capaz de sacrificar la estabilidad de un matrimonio sólido, por irse con un hombre que simplemente fue una noche de pasión y deseo.
Tomo el trago de whisky fondo blanco, siento como el líquido quema a su paso. Esto en cierto modo es un bálsamo analgésico para mi dolor.
―¿Estás disfrutando de la velada socio? ―interroga el hombre a mi lado posando su mano sobre mi hombro izquierdo.
―Claro que sí ―miento tratando de ser lo más elocuente posible―. En verdad lo felicito, tiene una excelente familia.
La mención del término me hace caer en cuenta en que el matrimonio Aicrag tiene dos hijas y por eso estaba a punto de hacer la pregunta, pero el hombre se adelantó.
―Caro que sí, lástima que mi otro tesoro no pudo asistir. ―expreso en un tono de decepción―. Ella es quien se va a encargar de manejar todo lo referente a la compañía mientras me tomo un tiempo de descanso.
― ¿Ella será la nueva Ceo? ―pregunto sorprendido porque en realidad no esperaba que el hombre dejara a cargo a su hija, una que ni conozco―. Siendo así, entonces estaré muy honrado de trabajar codo a codo con ella.
―Bueno, para eso debemos esperar un poco porque mi pequeña se encuentra terminando un postgrado y será poco el tiempo que la podrás ver hasta que termine la carrera que está a poco de finalizar. ―Mientras, tendrán contacto vía Skype, correo electrónico, ustedes encontrarán la mejor manera de comunicarse.
Asiento con un leve movimiento de cabeza terminando de disfrutar de la celebración. Agradezco no haberme encontrado más con la remolacha porque no me podría contener y terminaría encerrándola en algún cuarto del lugar para hacerla recordar lo que ha olvidado.
Las horas pasan y cuando por fin llega el momento del brindis, prefiero retirarme del lugar. No quiero estar presente cuando esa mujer aparezca nuevamente en mi campo de visión.
Camino hasta la salida, pero antes de llegar a la puerta, tomo un vaso de whisky tomando todo su contenido. Dejo el vaso en el primer lugar por donde paso y estando en el exterior paro el primer taxi que pasa por la avenida.
No quise despedirme del matrimonio, sé que fue descortés de mi parte, pero luego me tomaré el tiempo de hacer una llamada e informar que tuve que retirarme antes de tiempo.
Al llegar a mi destino le pago al taxista agradeciendo por su servicio. Entro e inmediatamente subo al ascensor marcando el piso donde se encuentra mi habitación. Una vez en el interior me despojo de la ropa dejándola esparcida por el lugar sin importar donde cae cada prenda.
Me doy una ducha larga, siento como el agua caliente me relaja al tener contacto con la piel
«Esto es una maldita locura, no puedo volver a pasar por esto nuevamente, pero la diferencia es que esta vez no tengo ningún tipo de vínculo con el hombre»
Cierro los ojos sopesando todo lo que he pasado en estas más de cuarenta y ocho horas. No sé por cuanto tiempo me quedo bajo la ducha, salgo hasta que me doy cuenta que tengo los dedos de las manos como una uva pasa.
Sonrío ante lo que estoy viendo, puesto que ya tengo cincuenta años y no e encuentro tan arrugado como hombres de mi misma edad. Yo en defensa puedo decir que como saludable y hago ejercicio para mantener un cuerpo bien formado.
Salgo de la ducha colocándome una toalla alrededor de la cintura. Camino hasta la mesa de noche para marcar a servicio a la habitación y pedir algo de cenar.
Una vez confirman el pedido camino hasta donde tengo la maleta sacando una sudadera y una franela. Al poco rato escucho sonar el timbre y salgo en dirección a la puerta para recibir la comida que pedí hace no más de quince minutos. Me sorprendo por lo rápido que han traído el servicio.
Abro la puerta dando la espalda porque mi celular está sonando, no quiero que la llamada se cuelgue, puede ser mi hijo o Yara quien llama.
―Deje la comida a un lado, por favor. ―indico a la persona quien trajo la cena. No obtengo respuesta alguna, solo escucho cuando la puerta se cierra
Respondo la llamada sin ver quién es el destinatario.
―Aló.
―Hola tesoro, ¿Cómo estás? ―escucho la voz de mi madre al otro lado de la línea sintiendo un gran alivio.
―Estaba preocupado. ―camino hasta el balcón teniendo la mejor vista de la ciudad frente a mí―. No contestaban ninguno de mis mensajes y solo Yara lo hizo, pro su respuesta me dejó muy preocupado.
―Puedes estar tranquilo, nos encontrábamos en una actividad de los pequeños de la casa. ―hace un corto silencio―. Debes saber que cada vez que tienen una presentación hacemos lo mismo.
―Cero celulares. ―decimos al unísono riendo al mismo tiempo.
Conversamos otros minutos más y le cuento que saldré a primera hora de la mañana. Por haber salido tarde de la celebración no me daba tiempo de agarrar el vuelo y el más próximo se encuentra disponible para el día siguiente. Le mando infinidad de besos a mis princesas sabiendo que debo hacerlo en persona.
Giro y mis ojos se abren como platos, por un instante creo que estoy a punto de tener un infarto, porque justo frente a mí se encuentra la tentación y el pecado hecho mujer con una diminuta lencería color rojo fuego que solo cubre lo necesario.
― ¿Prefieres cenar primero o vamos directo al postre?...