01
KAT
No fue buena idea venir.
No tuve que aceptar la propuesta de ese chico.
—¡Kat, cariño, espera! —exclama él, reduciendo la velocidad.
Su coche se encuentra a mi lado cuando vuelvo a abrochar los botones de mi camiseta, la piel de mis pechos está de gallina. Rodeo el costado alejándome, no permaneceré ni un minuto más en el mismo espacio que este gorila. No puedo creer que este tipo haya creído que podría manosearme, así porqué sí. ¡Ni siquiera me ha pedido salir! Así que la conclusión es sencilla, solo quería usarme sexualmente.
—Por favor, Katy —suplica una vez más.
Este tipo ya me está dando dolor de cabeza.
Qué se calle.
No le escucho. La verdad poco me interesa seguir en esta cita de m****a.
Sigo caminando por la carretera humedecida por la reciente llovizna de la tarde. Mis botas se salpican de agua cuando doy un paso más, las suplicas del chico se meten en mis oídos poniéndome de peor humor.
—Vete a casa, Daniel —le espeto, saliendo del terreno asfaltado para bordear la linde del bosque.
La oscuridad de la noche me atemoriza un poco, sin embargo, mis piernas parecen tener vida propia. Es normal, mi cuerpo huye de este encuentro tan catastrófico.
—Pensé que querías hacerlo —se justifica.
Siento ganas de apuñalarlo.
—Pero no de esa manera, fuiste un bruto.
Él resopla.
Sé que su paciencia está en el límite, porque sus fosas nasales se agrandan y suenan como si estuviese frustrado. Cada vez aumenta más la velocidad de su noche, se acerca amenazador a mi cuerpo. Siento las luces delanteras alumbrar mi t*****o. Bueno, tal vez quiera atropellarme por fastidiarle la noche, que en su cabeza sería fantástica y placentera.
—Sube, te llevare a casa —cacarea él, parece una gallina.
—Vete al infierno.
Le doy la espalda, giro hacia el mar de árboles que aparecen delante de mis ojos, las grandes ramas de pinos hacen una increíble vista desde mi posición. Se ven gigantes. El aroma de la naturaleza me tranquiliza un poco. Mis pies hacen ruiditos al pisar ramitas sueltas que cayeron desde arriba, se ven vivas aún, algún animal debió de arrancarlas.
—¡Entrar allí es peligroso! —grita Daniel.
—No me importa —suelto.
Estoy a punto de entrar dentro cuando su voz me lastima:
—¿Sabes, qué? ¡De acuerdo! ¡Qué te coman los putos lobos de m****a! ¡No me importa! ¡Eres una puta calienta braguetas! Te pones ese escote para nada, porque solo sabes calentar las pollas para luego no comértelas —su indignación me atraviesa.
Unos segundos más tarde, acelera el auto para marcharse por la carrera sin mirar atrás. Puedo ver como su coche desparece de mi vista, llevándose consigo la poca iluminación que tiene este lugar. Es de día, pero las arboles tapan el sol, la luz abajo no llega. Puedo andar.
El bosque está silencio mientras lo atravieso, creo que los animales duermen porque no hay ruido que proceda de ellos. Eso es bueno. O solo se esconden hasta que decidan cómo comerme. Suspiro hondo mientras intento que lo que ha pasado no me duela.
Daniel me gusta desde hace un año, he intento ocultar mis sentimientos desde entonces, pero ha sido inútil. Sus amigos se enteraron y se lo dijeron, casi me morí de la vergüenza cuando se sentó conmigo en la cafetería Moonlight, la que recién abrieron, esa que está en el casco antiguo de la ciudad y tiene unos desayunos sabrosos. Desde ese entonces me ha invitado varias veces a salir con él.
Esta es una de ellas.
Y ha acabado muy mal.
Una respiración me pone alerta, observo ambos lados de mí, analizo el lugar por si hay una amenaza. Nada me parece extraño. A lo mejor ha sido mi respiración.
Camino por el bosque durante más de una hora, el sol se esconde entre los árboles haciendo que la iluminación sea un asco. No puedo estar sin luz por más tiempo, por lo que buscó mi teléfono para poner la linterna. Esto ayudará, aunque no mucho.
Mis pies se detienen al ver que hay un cartel de madera con una advertencia escrita.
CUIDADO CON LOS LOBOS.
Los lobos son una monada.
La luna tintada de roja se ve en lo alto cuando pasan unos minutos más. Vaya... No sabía que hoy había este tipo de luna. La última vez fue hace mucho, recuerdo como todos los lobos merodeaban los bosques mientras aullaban. Fue hermoso ver como sus manadas se unían y correteaban libremente.
Un aullido pone a mil mi corazón. Parpadeo sintiendo mis piernas pesadas, no tengo que temer.
Aunque no sea así, me muevo más deprisa.
No me quedare a descubrirlo.
Varias llamadas atraviesan la pantalla de mi teléfono, las ignoro porque ahora mismo estoy demasiado concentrada en salir de aquí. Mi mamá seguramente debe estar preocupada.
Otro aullido resuena en el bosque.
Vale. No pasa nada. Solo son lobos aullando. No pueden hacerme nada, ¿o sí?
Son lobos salvajes, pero nunca hubo que lamentar una víctima por ellos. Siempre huyen de los humanos cuando los vemos en el comienzo del bosque. Supongo que no les gusta la carne humana, o solo esperan que quedemos solos, expuestos y débiles en una noche oscura solitaria. Me imagino sus terroríficos colmillos hacer agujeros en mi suave piel. Comiéndome viva.
Okey, ahora tengo miedo.
—Grrrr —un gruñido hace que de un salto.
Grito fuerte, hasta que mi garganta quema.
¡Maldita mi suerte!
Mis manos tiemblan cuando enfoco con la linterna al animal que me ha gruñido. Y lo encuentro en seguida. El oxígeno se queda atascado en mis pulmones, tengo que carraspear para no morir asfixiada.
—Hola, lobito —digo temerosa, alejándome de donde viene —. No me hagas daño, ¿va? Te daré moras, así no te pones gordo y puedes cazar más conejos sabrosos. La carne humana, ew, da asco.
—Grrrr.
Mierda.
El animal peludo salta un tronco seco tirado en el suelo. Sus patas delanteras se posicionan listas para acercarse hasta mí. Mis ojos van directos a su pelaje n***o, no puedo creer que su mirada salvaje esté puesta en la mía. Me quema sus ojos que resplandecen por la luz de la luna roja.
—Quieto.
El lobo avanza sin quitarme la mirada.
Me siento como si fuera su presa, sin duda lo soy.
—¡Jodida m****a! —exclamo, mis pies se mezclan por nervios,
Me agarro de un tronco rugoso que daña las palmas de mis manos, pero no sirve de nada porque termino cayendo con mi móvil, que se precipita al suelo apagando así la linterna.
Quedo en completa oscuridad.
Las lágrimas se arremolinan en mi rostro, puedo sentir el hocico del lobo en mis piernas. Me está olisqueando, su tamaño es mucho mayor que el de uno normal.
La calidez de su lengua me hace estremecer, me recorre toda la barriga subiendo por mis pechos. m****a. De repente la bestia peluda está encima de mí, quedo atrapada a su merced. Lame mis pezones erectos por encima de la tela haciéndolos reaccionar porque se erizan. Ni siquiera sé cómo mi cuerpo reacciona.
No que qué hacer.
No sé si llorar o tan solo quedarme quieta.
—Mía —una voz masculina me acelera, sale del lobo. Estoy delirando por esta m****a de susto —. Eres mía, pequeña humana.
Mis ojos se abren por la impresión. Creo que al caer me di bien feo en la cabeza y por eso estoy oyendo al lobo hablar así de casual.
—¿Eh?
El lobo ronronea hundiendo su cabeza en el hueco de mi cuello. Siento sus lamidas en esa zona, tiemblo por instinto. Mientras él se encarga de lamerme, más lobos aparecen desde árboles cercanos. Se muestran sigilosos admirando la escena, observando como su cena está casi lista.
Oh Dios. Creo que me voy a desmayar.
Un estallido de luz blanca me ciega los ojos, los cierro para no lastimarme y cuando los vuelvo a abrir no puedo creer lo que estoy viendo.
Un hombre. d*****o. Encima de mí. Totalmente musculoso y apetitoso. Me mira con una l*****a que llena sus círculos verdes. Las hebras de cabello n***o húmedo le caen por la frente, haciendo que luzca sexy. Y una sonrisa de lado aparece para mojarme repentinamente la ropa interior.
Pero qué...
—Te he cazado —susurra con voz ronca —. Y pienso devorarte más tarde, gatita.