—¡Idiota!, ¿me querías matar? —grité molesta a Christian. —Ganas no faltan —contestó indiferente. Lo podía medio distinguir através del vidrio delantero—. Yo no soy quien cruzó sin ver. —No venía nada. —¿Y yo que soy? —sacó un brazo del auto y un poco su cabeza para verme. —Un maldito fantasma. ¿Como venías?, ¿A la velocidad de la luz? Me sacudí por un escalofrío. Aún tenía el susto pegado en la espalda y seguía en la carretera, lo que no ayudaba mucho. —¿Como no se te volcó el auto por frenar así?, me ví debajo muerta. —Hace diez años que conduzco, no soy un estúpido novato —dijo y rodé los ojos. Me acerqué a la puerta del copiloto para entrar, ya que no tenía transporte y era lo más lógico. Que me llavase. Cuando medio abrí la puerta, arrancó el auto y volvió a cerrarse—. ¿Q

