Cuando la señora Sartori salió al salón, Christian continuó caminando, pasando de largo a mi costado. Se veía muy molesto, pero ridículo. De alguna forma no me parecía al Christian cotidiano que veía todos los días. —¿Estás esperando que me disculpe? —pregunté y este estaba parado mirando hacia el patio trasero—. Por que no lo voy a hacer —rodé los ojos, mientras me seguía secando el cabello. No quería seguir allí, pero me daba vergüenza cruzar mojada por toda la casa, por lo que miré a Christian, esperando que más que sea su presencia abrumadora me diese una distracción, pero no necesite de fijarlo demasiado, ya que lo tenía encima y de muy mal humor. Cuando pensé que haría algo contra mí, se separó enseguida. ¿Que pasaba por su cabeza? Abrió la puerta del patio y lanzó algo hacia

