—Muy bien, ya llegaron —dijo la señora Tanner, en cuanto Christian, Emma, la mamá y yo nos acercamos a la camioneta gris de los Sartori. El señor Sartori y el señor Tanner charlaban en los puestos delanteros, mientras el primero era el conductor—. Es hora de irnos, hay que organizarnos. —Así es, por que no hay puesto para todos —siguió la señora Sartori. Fruncí el ceño y miré a un lado, el auto que era de la otra familia. Estaba claro que alguno de los dos mayores sabía conducir, por lo que ese auto ahí se estaba desperdiciando. ¿Por que no usaban ese auto también? —A nuestro auto se le dañó la batería en el viaje, por eso iremos aquí, Sky —respondió a mi pregunta mental la señora Tanner, o no había sido tan mental. La miré entre sorprendida y molesta, me sentía invadida hasta en los p

