El día de la competición internacional amaneció frío y fresco, de esos días que parecían repletos de energía y posibilidades. Mientras Amara esperaba entre bastidores su turno para competir, sentía cada latido de su corazón resonar en su cuerpo. Esta no era una competición cualquiera; era la culminación de años de sacrificio, disciplina e interminables horas sobre el hielo. Hoy, el mundo la estaría observando, y ella estaba lista. El backstage era un hervidero de actividad. Los entrenadores susurraban consejos de última hora a sus patinadores, mientras los coreógrafos repasaban las notas finales. La entrenadora de Amara, Sonia, estaba a su lado, tranquila y tranquilizadora como siempre, con las manos apoyadas en los hombros de Amara. "Lo tienes todo, Amara", murmuró Sonia con una voz tra

