Los murmullos de la multitud se desvanecieron en silencio cuando Amara ocupó su lugar en el centro del hielo. Podía sentir el frío familiar bajo sus espadas, una sensación que ahora sentía como una vieja amiga. Respiró hondo, despejando su mente de todo menos de la rutina que había pasado meses perfeccionando. Este era su momento: la oportunidad de demostrarle al mundo, y a sí misma, lo lejos que había llegado. Mientras las primeras notas de la música que había elegido resonaban por la pista, comenzó su programa. La secuencia inicial fue delicada y fluida, permitiéndole deslizarse sobre el hielo con una elegancia que parecía natural. Se sentía completamente en sintonía con la música; cada movimiento era una expresión natural de su pasión y disciplina. El público observó cautivado cómo Am

