El corazón de Amara latía al ritmo del zumbido de la cinta de correr bajo sus pies. Llegó temprano al gimnasio, como siempre, calentando a fondo antes de su práctica de patinaje. La emoción de su reunión de anoche con su entrenador y los representantes del programa de entrenamiento de élite aún la acosaba, lo que le impedía dormir o pensar en nada más. La perspectiva de unirse al programa, de encaminarse hacia los Juegos Olímpicos, la hacía emocionante y abrumadora a la vez. Estaba sumida en sus pensamientos cuando su teléfono sonó con un mensaje de Liam. Él sabía que tendría mucho en qué pensar y le había dejado claro que estaría ahí para ella, sin importar su decisión. Leyó su mensaje: «¿ Necesitas un café? ¿Nos vemos en la cafetería de la esquina?». Sonriendo, respondió rápidamente “

