El revuelo en torno a la victoria de Amara no había cesado ni siquiera días después. Los medios de comunicación publicaron artículos sobre su historia, elogiando su habilidad y su ascenso de patinadora de un pequeño pueblo a campeona nacional. El teléfono de Amara se llenó de mensajes de personas que le deseaban lo mejor, viejos amigos e incluso desconocidos que se habían sentido conmovidos por su trayectoria. Empezaron a llegarle ofertas de patrocinio, los agentes mostraron interés, y sintió como si su mundo se hubiera expandido repentinamente. Amara apenas había empezado a procesarlo todo cuando recibió otra noticia que le cambió la vida: la habían invitado a unirse a una gira internacional de patinaje artístico que presentaría a algunos de los mejores talentos del mundo. Era un honor,

