Amara y Liam estaban uno al lado del otro al borde de la pista, con la mirada empañada por la nostalgia y el orgullo. La luz del atardecer se filtraba a través de los amplios ventanales, proyectando largos rayos dorados sobre el hielo prístino, donde un grupo de jóvenes patinadores se deslizaba y giraba con una alegría desenfrenada. Algunos aún se tambaleaban, aprendiendo a moverse sobre el hielo, mientras que otros se movían con una gracia y determinación incipientes. El sonido de las cuchillas al cortar la superficie se mezclaba con risas y el leve crujido de los patines al detenerse. La mirada de Amara se posó en una de las patinadoras más jóvenes, una niña pequeña con coletas y guantes rosa brillante, que luchaba por dominar un simple giro. La vio caer, levantarse y volver a intentarl

