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2292 Palabras

La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas transparentes de su villa frente al mar, proyectando tonos dorados sobre la habitación. Liam yacía junto a Amara, acariciando suavemente su hombro con la mano mientras ella dormía plácidamente, con el rostro relajado y radiante bajo la cálida luz. Por primera vez en siglos, estaban solos, lejos de las exigencias de la vida diaria y de la mirada vigilante del mundo. Eran solo ellos, un horizonte infinito y la promesa de días para soñar, amar y simplemente existir. Al despertarse, Amara abrió los ojos de golpe y se encontró con la mirada de Liam con una suave sonrisa soñolienta. «Buenos días, señor Blackwell», susurró, con la voz aún impregnada del silencio del amanecer. "Buenos días, Sra. Blackwell", respondió, apartándole un mechón

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