La lluvia golpeaba con furia los tejados del castillo, como si el cielo mismo quisiera arrastrarme fuera de aquel lugar de sombras y secretos. Cada gota sobre mi rostro me recordaba las noches interminables de encierro, las cadenas, los gritos de las chicas que aún permanecían atrapadas bajo el yugo de aquel hombre al que todos llamaban Adrián. Sin embargo, esta noche sería diferente. Había pasado semanas conectando piezas, escuchando, observando, memorizando cada rincón del castillo durante mis paseos permitidos. Finalmente, entendí la verdad: el “retiro noble” no era más que una fachada. Las chicas que desaparecían, los gritos que escuchaba desde las paredes, los susurros de Greta, todo tenía un propósito oscuro. Adrián proveía servicios sexuales a los poderosos, y yo, por alguna razón

