Llegamos al hotel en completo silencio. Sebastián iba pensativo, como planeando algo, esperaba que no estuviera buscando la forma de vengarse de esa loca, porque no valía la pena. Al entrar al cuarto, él se metió al baño y salió con una toalla en las caderas y el cuerpo todavía húmedo con la ducha. Yo hice lo mismo, dejé caer el agua caliente sobre mi espalda y trasero a ver si se me pasaba la molestia, no era un dolor fuerte, pero sí molesto. No me lavé el pelo, por lo que al salir me acosté en la cama con cuidado, no quería que Sebastián supiera que me dolía, no quería preocuparlo más o que se enojara. ―Bien loca tu ex ―comenté algo divertida, él se veía demasiado tenso. ―Lo siento. ―No tienes que disculparte, no es tu culpa que ella sea loca. ―No debí dejarte sola. ―¿Y tú cre

