La vi en la cama hecha un ovillo, sollozando en silencio, como si no quisiera que la escuchara llorar. Y me rompió el corazón. ―Mi amor. ―Me apresuré a llegar a ella y la tomé entre mis brazos, acunándola, meciéndola―. Perdóname, fui un bruto. ―Tú no tuviste la culpa. ―No debí dejarte sola. ―Yo debí confiar en ti. ―Si no estás preparada... ―Él quiso abusar de mí otra vez ―me interrumpió, echándose a llorar con fuerza. "Maldito bastardo" fue el impropio más suave que se me ocurrió al tiempo que apretaba a Monserrat más contra mi cuerpo. ―Yo no lo dejé, pero tuve miedo, hubiese querido ir contigo, yo me sé defender, pero... A veces él me paraliza. No es que lo ame... ―se apresuró a explicar y yo la detuve. ―Mi amor, le tienes miedo y es lógico, menos mal que no te tocó, porqu

