Caminamos con decisión hasta la calle, no llevamos el automóvil, caminamos hasta un restaurant ubicado a dos cuadras del hotel. En el camino llamé a mi proveedor de zapatos para avisarle que llegaríamos un poco más tarde. Nos sentamos en el centro del local y pedimos un almuerzo rápido, Monserrat no se quería perder el desfile de zapatos. ―Hola de nuevo ―saludó con cinismo mi ex... otra vez. ―Hola, Elena, ¿cómo estás? Tanto tiempo ―saludó Monserrat con una mirada tan fría que podía apagar un volcán en erupción―. Siéntate, ¿almorzaste? Elena congeló su sonrisa. ―¿Qué te pasa? Estábamos a punto de brindar por nuestro compromiso, ¿quieres acompañarnos? ―Volvió a ofrecer mi novia. La reacción de Monserrat, que Elena no se esperaba, la dejó fuera de sí. ―Bueno, si no quieres quedart

