Aquella noche, Elena no hizo ningún escándalo, todo estuvo normal, o así lo pareció, al menos para la mayoría de los amigos reunidos allí. Al terminar la fiesta, Elena se colocó al lado de Jesús para despedir a los invitados y Monserrat, en un acto de educación y muy a su pesar, se acercó para despedirse de ella. ―Buenas noches, Elena, que descanses, y feliz cumpleaños ―se despidió sin hacer caso. Yo simplemente le di la mano a Jesús y con un gesto me despedí de Elena. Al subir al coche, clavé mis ojos en los de mi mujer. ―No me gusta la calma de Elena ―le dije. ―Ni tanta calma. ―¿Te dijo algo? ―No sé, pero la forma en la que se despidió no me gustó, me sonó a amenaza. ―No le hagas caso. ―No le voy a hacer caso, solo te digo que esta calma y las muestras de civilidad solo so

