Al día siguiente enviaron nuestro desayuno hasta la habitación, el ya lo tenía todo preparado. —Buenos días Sara ¿Pudiste descansar? —Como no hacerlo, si hasta soñé con nuestra boda. —Pronto hablaremos de eso, por el momento tenemos que desayunar para hablar con Kelly, tampoco podemos abusar de la hospitalidad. —Lo se, con todo lo que hemos consumido, no quiero imaginar de cuanto pagaremos. Empezamos a anotar nuestras condiciones, no queríamos ser tan exigentes, pero mucho menos dejar cabo sueltos. Nos arreglamos y fuimos hasta la recepción, al llegar nos dieron la sorpresa de que ella no se encontraba, pero alguien más nos podía recibir. —Pensé que Kelly era la dueña —dijo Nathan a la recepcionista. —Asi es, pero ella tiene una socia aquí y desea hablar con ustedes, la señorita Ke

