Desperté nuevamente, estaba acostada en la cama del hospital, podía escuchar el pitido de los aparatos médicos, pensé que estaba sola, no miraba a nadie, el pecho me dolía bastante. —Al final mi padre ha logrado lo que yo no pude —dijo Angie, quién apareció frente a mí. Quería hablar, pero no podía. —Es cierto, yo perdí la mano izquierda, pero tú, cariño, estás luchando por tu vida miserable. Lloraba por la impotencia de no pedir ayuda. —Dime algo sí, es cierto, lo olvide, no puedes hablar por este tubo, déjame que te ayude Ella se me acerca y retira el tubo en mi garganta, el aire me empezó a fallar, los aparatos empezaron a sonar y un equipo médico entra a la habitación. —La estamos perdiendo. —Hay que reanimarla. Únicamente podía escuchar, a lo lejos, mi mirada era borrosa, no

