Colageno

1355 Palabras
La noche había sido larga y desesperante para Kristen y Cristian. No podían dormir, y su mente estaba llena de pensamientos de Atlas. Se levantaron de la cama y se dirigieron a la puerta, decididos a buscarla. Cuando abrieron la puerta, se sorprendieron al ver a Atlas parada en el umbral. Ella elevó si mano y golpeó el pecho de Kristen. Atlas pasó sus manos por el abdomen de Kristen, y el Alfa ronroneó de placer. Pero entonces, sintió como otras manos la agarraban y la hacían que pasara sus manos por el abdomen del otro hermano. Atlas se sonrojó y bajó sus manos rápidamente. Kristen se rió y dijo: —No sabía que eras celoso, hermanito— Cristian sonrió y dijo: —No soy celoso, solo estoy protegiendo lo que es mío— Atlas se sonrojó aún más y dijo: —No es necesario que se peleen por mí— Kristen y Cristian se miraron entre sí, y luego se volvieron hacia Atlas. —Somos tus Alfas— dijo Kristen. —Y tú eres nuestra luna. No te preocupes por nosotros, solo sé nuestra Atlas sonrió y dijo: —Está bien, —¿En serio?— dijeron los hermanos —Si, pero no se peleen. Kristen y Cristian se rieron y dijeron: —No te preocupes, no nos pelearemos por ti. Pero sí te protegeremos con nuestra vida— Atlas sonrió y se acercó a ellos. Los tres se abrazaron, y la mañana se llenó de un calor y una protección que Atlas nunca había sentido antes. —¿Te pegue duro?— dijo Atlas acariciando el pecho de Kristen —No, más bien quiero que siempre seas asi– murmuró el besando la frente de Atlas Los mellizos, Soul y Saul, se encontraban en la oscuridad de la sala observando la escena que se desarrollaba ante ellos. Sus ojos brillaban con una luz misteriosa, y sus voces eran apenas audibles. —Que fácil les fue— murmuró Soul, su voz llena de ironía. Saul se rió, una risa baja y gutural. —Aún les espera cosas— dijo, su voz llena de misterio. Pero entonces, su tono cambió, y su voz se volvió más suave. —Pero les deseo que todo les salga bien—, dijo, su voz llena de sinceridad. Soul asintió con la cabeza, y los dos mellizos desaparecieron en la oscuridad, dejando atrás solo un susurro de su presencia. La noche se cerró sobre ellos, y la oscuridad se volvió aún más profunda. Pero en el corazón de los mellizos, había un destello de esperanza, una esperanza de que todo saliera bien para los Alfas y su luna, Atlas. Los Alfas, Kristen y Cristian, detallaron a Atlas con miradas intensas, y luego le preguntaron por la anciana. —¿Dónde está la anciana? —preguntó Kristen. Atlas sonrió y dijo: —Ella está afuera, esperando por mí. Solo vine para decirles que los acepto, pero aún tenemos que conocernos mejor. Los Alfas se miraron entre sí, y luego se rieron. De repente, Kristen y Cristian se acercaron a Atlas y la cargaron en brazos. Atlas elevó sus manos y, con una fuerza sorprendente, derribó a los Alfas al suelo. Kristen y Cristian se rieron y aplaudieron, impresionados por la fuerza y la habilidad de Atlas. —¡Eres increíble! —exclamó Kristen. —¡Sí, eres una verdadera guerrera! —añadió Cristian. Atlas se sonrojó y se rió, avergonzada por la situación. —Es que estoy preparada para todo, lo siento tengo que acostumbrarme—dijo, tratando de justificar su acción. Los Alfas se rieron de nuevo y se levantaron del suelo, sacudiéndose el polvo. —Bueno, parece que vamos a tener que estar preparados para ti —dijo Kristen, sonriendo. —Sí, porque no sabemos qué nos espera con una guerrera como tú —añadió Cristian, riendo. Atlas se rió de nuevo y se sonrojó, sintiéndose cómoda y segura en compañía de los Alfas. La risa burlona de la anciana resonó en la sala, y los Alfas se giraron para verla riendo a gusto. La anciana se apoyó en su bastón, con una sonrisa maliciosa en su rostro. —Lo que les espera con esta niña— dijo la anciana, riendo. —Por eso ando con este bastón, para que aprenda que soy su abuela, no su pareja. Ajajjaja— Atlas se sonrojó y murmuró: —¿Abuela?— La anciana se acercó a Atlas y le dio una nalgada juguetona. —Soy tu abuela, dime así por cariño—, dijo la anciana, con una sonrisa burlona. Los Alfas se miraron entre sí y se rieron. Aclararon su garganta y dijeron: —No importa que nos pegue, con tal de que nos ame— Cristian añadió: —Por mí, no hay problema. Puedes pegarme todo lo que quieras,— Atlas se sonrojó aún más y dijo: —No es verdad, yo no golpeo por nada— Los Alfas se miraron entre sí y murmuraron: —Sí, claro, no golpeas por nada, hasta cuando iba abrir la puerta me golpeo— se burló Kristen La anciana se rió de nuevo y dijo: —Bueno, bueno, no importa. Lo que importa es que estamos todos juntos. —¿Todos?— dijeron los hermanos —Si. Todo, donde ella esté, ahí voy a estar yo, ¿hay algún problemas con eso?— dijo la anciana y los Alfas se rieron La habitación se llenó de risas y charlas, y se sintió que todo estaba bien en el mundo. La anciana, con su bastón en mano, se convirtió en el centro de atención, y todos se rieron de sus burlas y juguetones golpes. En medio de la risa y la diversión, Atlas se acercó a la anciana y la abrazó. —Te amo, abuela— dijo Atlas, con una sonrisa en su rostro. La anciana se sorprendió —Yo te amo, niña. Ahora, vámonos a comer algo. Estoy hambrienta— —Ya voy a mandar a que preparen el desayuno— intervino Cristen —Yo voy a cocinar esta vez— Y con eso, la anciana se dirigió a la cocina, seguida por los Alfas y Atlas. La habitación se llenó de risas y charlas, y se sintió que todo estaba bien en el mundo. Mientras caminaban hacia la cocina, Kristen se acercó a Atlas y le susurró al oído: —¿Sabes que eres muy afortunada de tener una abuela como ella?— —Se parece a mi tía Celeste— dijo Cristen con un tono bajo Atlas sonrió y dijo: —Sí, lo sé. Ella es la mejor abuela del mundo– Cristian se rió y dijo: —Y nosotros somos los mejores Alfas del mundo— La anciana se giró y les dio una mirada burlona. —¿Qué es lo que están diciendo?— preguntó. Atlas se sonrojó y dijo: —Nada, abuela. Solo estábamos hablando de lo afortunados que somos de tener una abuela como tú— La anciana se rió y dijo: —Bueno, bueno. Me alegra que aprecien mi presencia en sus vidas, pero no me unan a su nido de amor— se burló la anciana —¿Mmm?— murmuró Atlas —Olvídalo— murmuró Kristen tapándo los oídos de Atlas —No diga esas cosas— murmuró —Si como no, ella sabe todo, yo le explique como se hacen los bebes— dijo la anciana riendo —Cristian puedo escuchar todo— dijo Atlas seria —Ho lo siento— murmuró Cristian apenado —Ella es ciega no sorda— añadió Kristen y beso las manos de Atlas —Eso mismo iba a decir— añadió la anciana —Son idénticos, tenían que ser ancianos todos— —¿Que dijiste niña?— dijeron los Alfas mientras Kristen la tomó por la cintura y esquivaba el golpe —Ya volvemos— dijo Cristian a la anciana —Esto es incómodo— murmuró la vieja sonriendo —Ay Atlas si pudieras ver no dijeras eso, ay señor que Alfas... Puro colágeno para mi.. Ha mis años ellos son bebes para mi...
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