Clave

1501 Palabras
La anciana estaba sentada en su sillón favorito, con una expresión de enfado en su rostro. Atlas entró en la habitación, con una sonrisa en su rostro. —¿Dónde has estado? —preguntó la anciana, su voz llena de reproche. —Saliste sin avisar, sin decirme nada. —¿Qué pasa si algo te hubiera pasado? Atlas se encogió de hombros, sin responder. La anciana se levantó y se acercó a ella. —Atlas, ¿no entiendes que me preocupo por ti? —dijo la anciana, su voz llena de preocupación. —Eres ciega, Atlas. No puedes salir sola sin saber qué te espera. Atlas suspiró y se sentó en el sofá. La anciana se sentó a su lado. —Lo siento, —dijo Atlas, su voz baja. —No pensé que te preocuparías tanto. La anciana la miró con una expresión de conocimiento. —Sé que no es solo eso, Atlas —dijo la anciana. —Sé que hay algo más. ¿Qué es lo que te tiene tan distraída? Atlas se encogió de hombros, sin responder. La anciana sonrió. —Esos Alfas, ¿verdad? —dijo la anciana. —Kristen y Cristian. Los hermanos que te han estado siguiendo. Atlas se sonrojó mientras toma asiento La anciana se rió. —No te preocupes, Atlas —dijo la anciana. —Sé que eres fuerte y capaz de cuidarte sola. Pero también sé que eres una mujer con sentimientos. Y esos sentimientos pueden ser peligrosos si no se controlan. Atlas asintió con la cabeza, sabiendo que la anciana tenía razón. Pero no podía evitar pensar en Kristen y Cristian, y en la forma en que la hacían sentir. Era como si su corazón latiera más rápido cuando estaban cerca, y como si su alma se sintiera más viva. La anciana se levantó y se acercó a la puerta. —Recuerda, Atlas —dijo la anciana. —Eres fuerte y capaz. Pero también eres una mujer con sentimientos. No te dejes llevar por ellos. Atlas asintió con la cabeza, sabiendo que la anciana tenía razón. Pero no podía evitar sentirse atraída por Kristen y Cristian, y no sabía qué hacer al respecto. —Es.. La anciana se detuvo en seco, con la mano en el mango de la sartén, y se volvió hacia Atlas con una expresión de sorpresa y preocupación. —¿Qué dijiste, Atlas? —preguntó la anciana, su voz baja y suave. Atlas se encogió de hombros y se levanto evitando la tension de la anciana. —Nada, —dijo Atlas, su voz baja. —Solo dije que los Alfas no son para mí, no soy buena La anciana se acercó a Atlas y se sentó a su lado. —¿Por qué dices eso, Atlas? —preguntó la anciana, su voz llena de curiosidad. —¿Qué te hace pensar que no eres lo suficientemente buena para ellos? Atlas se tocó la cicatriz que tenía en la mejilla y un suspiro salió de ella —No digas nada, se que me tienes lastima—dijo Atlas, su voz baja y triste. —No quiero hablar de esto. La anciana la miró con una expresión de compasión y se levantó. —Está bien, Atlas —dijo la anciana, su voz suave. —No hablaré de esto. Pero recuerda que eres una mujer hermosa y que no necesitas ver para ser digna de amor. Atlas se encogió de hombros y sonrió sin responder. La anciana se volvió y se fue a la cocina, dejando a Atlas sola en la cama Mas tarde. Atlas se despertó con un sobresalto, los gritos y aullidos la habían sacado de su sueño. Se levantó rápidamente y, guiada por sus instintos, salió en busca de la anciana. Pero algo le empezó a quemar en la cara, como si el aire mismo estuviera en llamas. Una voz ronca y fuerte la detuvo, acompañada de risas —Nos volvimos a encontrar— gruño la voz que parecían venir de todas partes. Atlas gritó cuando sintió unas garras que la atravesaban, como si estuviera siendo desgarrada por una bestia feroz. Pero entonces, sintió unas manos frías en su rostro, y se levantó hasta que escuchó voces melodiosas y suaves que la tranquilizaban. La voz era como un bálsamo para su alma, y Atlas se sintió envuelta en una sensación de paz y seguridad. —¿Alfas? —susurró Atlas, su voz apenas audible. La respuesta fue un murmullo de voces, una melodía de sonidos que parecían venir de todas partes. Atlas se sintió envuelta en una sensación de calor y protección, y supo que los Alfas estaban allí, con ella. —¿Qué pasó? —preguntó Atlas, su voz aún débil. —Tenías una pesadilla y estos hombres desnudos irrumpieron en la cabaña— dijo la anciana sería —Y lo vamos a seguir haciendo— gruño Cristian —¿Por qué tiene esas pesadillas?— hablo serio Kristen acariciando la mejilla de Atlas —Ya se durmió, desde que la encontré ella tiene esas pesadillas— la anciana elevó el rostro y vio a dos hombres catires —¿Ustedes quitaron mi hechizo?— —Si, soy Saul y el es mi mellizo Soul, y ellos son nuestros tíos por decirlo así— dijo el mellizos serio —¿Ya nos podemos ir?— murmuró Soul —Si. Pero nos vemos dentro de unas horas, tengo algo que hablar con ustedes— dijo Kritsten serio mientras observaba a su luna dormir —No quiero que ella salga lastimada— Intervino la anciana —¿Esta loca?— gruño Cristian que le hace pensar que la queremos lastimar. La hemos estado esperando desde hace años —Y no la vamos a dejar ir. Ella viene con nosotros— dijo Kristen —¡No! ella es como mi hija, no la dejaré ir— —¿No?— Cristian se levantó —Cristian— gruño Kriten —Es hora de irnos, no le diga que estuvimos por acá, y refuerce el hechizo— Cristian se detuvo —No, nos va a lejar de ella, esa niña nos necesita. Esas pesadillas no son normal, ya puedo descifrar este dolor que he sentido por años, ¡Era ella! ella nos necesitaba— gruño —Shhh, silencio, ustedes podrán ser Alfas allá pero esta en nuestra casa y no se grita, solo yo puedo gritar aquí— grito la anciana —Ella ha sufrido, aún recuerdo cuando la encontré. Caminaba en 4 patas osea con sus manos y pies, tenía piojos pulgas, no caminaba bien apestaba —Si así demuestra su amor— murmuró Cristian —¿Que dijo?— —Nada— intervino Kristen mientras empujaba a Cristian —Bueno, la crié y la quiero, no dejaré que nada malo le pase— dijo la anciana mientras abría la puerta y los Alfas salieron —No dejaré que nada malo te pase Atlas, lo prometí, te lo prometí solo espero que seas fuerte y no dejes que tu corazón se oscurezca, solo faltan dos días— murmuró la anciana mientras acariciaba la mejilla de Atlas —Eres hermosa y fuerte— Kristen y Cristian se quedaron en el bosque, viendo cómo la cabaña de Atlas desaparecía en la distancia. Estaban sumidos en sus pensamientos, reflexionando sobre lo que había sucedido. De repente, algo les tocó el hombro. Se giraron y vieron a Soul y Saul, los mellizos que siempre parecían estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. —¿Cómo harán cuando estén haciendo el amor? —murmuró Saul, con una sonrisa maliciosa en su rostro. —Ella va a tantear y va a llegar a donde están —se burló Soul, riendo. —El amor es ciego —añadió Saul. —El amor es Atlas —se burló Soul. Kristen y Cristian se miraron entre sí, y luego se volvieron hacia los mellizos. —Silencio —gruñeron al unísono. Soul y Saul se rieron. —Que solo jugábamos —se burlaron. Kristen se adelantó, su rostro serio. —¿Qué vieron en la pesadilla? —preguntó. —Se que lo saben. Saul se encogió de hombros. —No somos Axel o Asher o Abel —dijo. —Ellos son los que entran en los sueños. Deberían hablar con ellos. Cristian se adelantó, su rostro igual de serio. —No podemos —dijo. —No podemos hablar con ellos. Soul y Saul se miraron entre sí, y luego se volvieron hacia los Alfas. —¿Por qué no? —preguntó Saul. Kristen se encogió de hombros. —No lo sé —dijo. —Pero sé que no podemos. Los mellizos se rieron de nuevo. —Bueno, no importa —dijo Soul. —Lo que importa es que Atlas es la clave para todo esto. Cristian se adelantó, su rostro intenso. —¿Qué quieres decir? —preguntó. Saul sonrió. —Solo cuiden de ella— Los mellizos desaparecieron y dejaron a Cristen y Kristian solos en la nada
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