Envidia

956 Palabras

La dejé con la palabra en la boca. La rabia que traigo atorada hacia ella no creo que se me quite en un buen tiempo. Esta fue la última gota que derramó el vaso. Llegamos a la casa y mientras le pedía a los empleados que subieran las bolsas a la habitación de huéspedes, Minerva guió al niño hacia el jardín. Se veía muy deslumbrado al ver la casa del árbol. Desde que compré esta casa, esa casita estaba construida ahí. Jamás le vi algún uso, la verdad es que no sé qué demonios le ven los niños a eso. —¿No subirá con nosotros? — preguntó Minerva. —No. Ve tú. Diviértanse. Estoy bastante viejo para esas pendejadas. No sé las consecuencias que pueda traer consigo esa decisión de haber traído a ese niño a esta casa. En primer lugar, no tengo idea de por qué hice esto. Tal vez porque es al pri

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