Si hubiera sabido, no la invitaba y nos hubiéramos quedado en casa ese fin de semana haciendo cosas de viejos: mirando una película, escuchándola tocar, cogiendo. Pero eventualmente tenía que pasar. El tipo que tocaba la batería en la banda se partió una muñeca jugando al fútbol, lo que significaba que todas las presentaciones estaban canceladas. Así que se me ocurrió que podíamos irnos a pasar unos días en las sierras. Un fin de semana. Ella y yo con tiempo para hablar, para tocarnos, besarnos. Estaba más suelta, más dispuesta que antes. Tenía menos de esas muecas raras en la cara. —¿Así que todo el fin de semana, eh? —preguntó mamá, sirviendo el postre. —Sí, todo el fin de semana. —¿Cuándo me la presentas? —disparó. —No lo sé... —¿Cómo que no lo sabes? —Ni siquiera logramos defin

