Capítulo 30

1246 Palabras

Matías. Lo de Vera solo ocurrió, no lo planeé ni lo busqué. Nunca conocí una mujer como ella. Profesional, hermosa, hecha de todas esas cosas que atraen a cualquiera. Jamás se me ocurrió que podía fijarse en mí. Se evidenciaba que estaba en una liga más alta. Pero vinieron las sonrisas, los ojos grandes, las expresiones disimuladas mientras yo estaba en esa silla con la boca abierta y un succionador en la comisura. ¿Qué iba a hacer? Solo pude volverme loco. La tarde que me atreví, le toqué la pierna por debajo del uniforme blanco. No se movió, no me la quitó, solo esperó a que pasara. A que mi mano siguiera subiendo. Después, simplemente, comenzó a ocurrir. Primero en su consultorio, con la puerta cerrada. Con ella sentada en esa silla y las piernas abiertas mientras la besaba. Besos.

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