El día corría, estaba en mi nuevo puesto de trabajo, me presentaron a la persona que será mi mentora mientras aprendo las tareas que debo hacer.
- Buenos Días Laura, bienvenida. Te presento a Alice Green, ella te estará acompañando en tu periodo de prueba, será tu entrenadora – dijo el señor Adams. La mujer era blanca con ojos grises y cabello color zanahoria y parecía amigable.
- Mucho gusto Alice, soy Laura Hills y estoy encantada de trabajar contigo – dije con una sonrisa
- Es un placer, ven acompáñame para mostrarte tu primera tarea – dijo y yo la seguí.
Pronto me mostró las prendas, que si el cliente lo exige debo darles mi opinión en cuanto a moda, mostrarme servicial todo el tiempo. Mi primer día de trabajo, el día estaba bastante tranquilo la gente compraba entusiasmada al igual que yo trabajando, mi trabajo consistía en atender a la gente y asesorarlos en cuanto a moda, si así lo requería, acomodar las prendas y los accesorios. Pronto llegó mi horario para salir a almorzar, yo contaba las horas para que sean las 7 de la tarde, para poder reunirme con Ryan hoy podría descubrir el plan de Kim.
Estaba ansiosa cuando suena mi celular, la llamada era de Ryan
- Hola Ryan ¿cómo estás?
- Laura, estoy en la estación de tren, ¿Dónde nos vemos?
- Pues bajando por el Hight Street en la esquina está caffé Nero te veo ahí.
- Esta bien te veo en 5 minutos. Voy vestido con jeans y una camisa color celeste.
- Perfecto! – dije y con eso colgué, y caminé hasta caffé Nero a esperar a Ryan.
Lo vi entrando, levanté la mano ni bien lo vi y él se acercó a la mesa junto a mí.
-Hola Ryan, soy Laura Hills es un gusto conocerte – dije
-Encantado de conocerte finalmente en persona – dijo con una sonrisa - bien, sin más preámbulos déjame ponerte al tanto de las novedades…
Sacó una pequeña libreta, yo lo miraba con interés… - bien Kim Liu trabaja en la tienda de alfombras Birch que pertenece a Philip Williams, es la administradora general de la tienda... – dijo y yo abrí mis ojos muy grandes, no tenía idea de esto – ella ha estado viéndose con un hombre siempre que Philip sale de la tienda, el hombre entra a la tienda y se queda hasta que ella sale del lugar – Espera… - lo interrumpí – ¿ella se desempeña como administradora general de la tienda esta que es de Philip? – Así es, ella es la administradora de la tienda – me volvió a confirmar
-… bien, cómo iba diciendo, este hombre entra a la tienda cada vez que Philip sale y lo hace todos los días – seguía narrando Ryan con ayuda de su pequeña libreta – lo que sí me parece muy curioso es que ese hombre siempre lleva a un pequeño niño en los brazos…
- ¿un pequeño niño dices? – le pregunté con curiosidad. Él asintió - ¿y sabes el nombre de ese hombre? – pregunté
- Aun no… pero lo sabré muy pronto – dijo – lo que sí puedo afirmar es que este hombre tiene una relación con Kim que no es de negocios… aún no he descubierto muy bien, pero estoy seguro de que ambos tienen un plan para robar la tienda de Philip – dijo sin filtro.
- ¿Por qué lo dices? – pregunté con asombro y los ojos grandes.
- Porque siempre está mostrando unos papeles y cuando salen lleva una carpeta de color n***o que ella le da – dijo Ryan y a mí la cabeza me daba vueltas, resonando “soportar un bebé solo para que él me crea” una y otra vez ¿y sí ese bebé no es hijo de Philip? Pensé para mis adentros justo cuando creí que iba a vomitar cuando Ryan habló.
- ¿Crees que sea dinero? – pregunté con curiosidad
- Podría ser… - dijo pensativo
- Bien… Esto es todo lo que tengo por ahora – dijo Ryan rompiendo el silencio y sacándome de mi pensamiento.
- Ehhh… sí - dije con confusión y al ver que se paraba yo hice lo mismo
- Fue un gusto Laura… estamos en contacto – dijo el hombre y se retiró.
- El placer fue mío - dije mirándolo desaparecer por la puerta.
El viaje de vuelta a casa fue algo agotador, me sentía bastante preocupada, ansiosa… no esperaba oír esto, pero si mi corazonada era cierta, entonces estaba ante una situación bastante horrible. No quería precipitarme, pero, si lo que Ryan dijo acerca de robar a Philip era cierto, entonces tendría que buscar una manera para que eso no sucediera.
Bajé del tren en la estación de Sutton, el reloj en mi brazo marcaba las ocho de la mañana, sonreí a mí misma tenía tiempo para un desayuno en Greggs, mientras podía pensar en lo que me había contado Ryan, por un lado, me sentía feliz de haber podido contratarlo no era demasiado dinero y además gracias a este nuevo trabajo podía pegarme el lujo de pagarlo; por otro lado, estaba un tanto intranquila, no había vuelto a hablar con Philip desde la última vez que salió de mi casa para nunca más volver, pero tampoco es que lo llame para decirle lo que descubrí. Podría pensar que estoy loca o algo así.
Con diez minutos de antelación a mi horario de entrada, me acerqué a la entrada donde entraba los trabajadores, ahí estaba Alice la mujer menuda cabello color zanahoria y mi entrenadora que me daba una gran sonrisa
- Hola, buenos días Laura ¿verdad? – preguntó amable
- Buen día, sí soy Laura – dije con una pequeña sonrisa.
- Llegas temprano, eso le gustará al señor Adams – dijo con una sonrisa
- Me gusta ser puntual – dije con sinceridad.
- Es un buen ambiente de trabajo, además aprendes y te adaptas muy rápido, eso es bueno. Hoy te tocará estar en la planta alta – me dijo mirando sus anotaciones
- Perfecto, entonces voy para allá – dije encaminándome para empezar mi día.
Moví mi torso, sintiendo el calor en mi cuerpo, estaba transpirando, me estiré y me levanté con los brazos en la cabeza.
-Vamos Hills ya estas por terminar – me dijo Arnold mi entrenador. Le obedecí y continué haciendo abdominales – 200 – contó y con eso finalizó mi tortura. Yo caí rendida en la colchoneta respirando hondo – Muy bien vas mejorando lindura. Aquí tienes – dijo pasándome una botella con agua agarré la botella y la llevé a mi boca. Estaba deshidratada, normalmente los veranos no suelen ser demasiado intensos, pero vaya que parecía estar en un horno. Arnold me miraba con diversión mientras yo trataba desesperadamente de hidratarme.
- Oye Arnold, si te sigues riendo de mí juro que te cortare en pedazos y los tiraré al Loddon. – dije señalándolo
- Oh. Ahora si como que me das miedo – se burló - Ven levántate, ahora iras a la cinta – dijo pasándome su mano.
- ¿No tuve suficiente por hoy? – Pregunté con cansancio, mientras caminaba sin ganas al aparato, él encendió la máquina ni bien me trepé a ella.
- No te quejes, ¿quieres un cuerpo tonificado y resaltar ese esbelto cuerpo tuyo? – preguntó dándome la señal para que empiece a caminar. Mientras él subía a la máquina para ponerse a caminar a mi lado.
- Juro que estoy empezando a odiar – dije con cansancio mientras empezaba a adoptar - en serio quiero ir a mi casa – protesté.
- Tranquila, ya falta poco para que termines, además he notado una energía negativa en tu aura, así que debes descargarla toda - comentó
- Pero lo que se está descargando es mi alma - dije con un toque de humor.
- Lo que yo quiero descargar es la grasa de todas las bobadas que comes en el día, sin mí no vas a tener ese bello cuerpo tuyo tonificado – dijo y yo me reí. Arnold era un hombre musculoso, piel morena y con una cara de modelo de revista fit.
- Bien, querida ya podemos decir que por hoy hemos terminado, mañana prepárate para otra sesión de despellejo – dijo guiñándome un ojo, negué con la cabeza sonriendo.
Encendí la luz al entrar en mi casa, el silencio me recibió caminé hasta la cocina con unas compras que hice de camino a casa. Estaba cansada por el entrenamiento, así que me dispuse a vaciar las bolsas y me preparé un sándwich rápido. Agarré mi celular dispuesta a escribir un mensaje a Philip, pero reprimí mi deseo, y tiré mi celular sobre la mesa. Le di unos mordiscos a mi sándwich, luego fui hasta el refrigerador saqué la botella de vino que tenía y me serví una copa. Había conocido a Philip por casualidad en Camberley, cuando vivía ahí, yo estaba con mucho dolor por una cortada que tuve en el pie izquierdo, y me costaba mucho caminar, él se me había acercado, me preguntó si me sentía bien… yo había hecho una mueca afirmando, pero quería llegar al Primark para poder comprar una bota de nieve para poder sacarme mis zapatos que me estaban matando y él fue quien me ayudó. Había ido al Barclays Bank para hacer un pago, y él me acompañó y al despedirme él me había pasado su tarjeta personal, todavía recuerdo el mensaje que le había enviado días después… un simple hola… soy la chica del pie cortado fue el mensaje que le envié y él contesto un segundo después. Desde ese momento comenzamos a hablar y entablar una clase de relación. Hoy es todo tan diferente… me forcé a cortar mis pensamientos, ya que lo que vino después no quiero recordar. Así que tomé el último trago de vino y lo metí en el lavavajillas y me encaminé a la escalera para darme una ducha y luego dormir.
- Buenos días Miriam ¿Cómo estás? – dije con el teléfono pegado a la oreja
- ¡Laura querida! Estoy muy bien ¿y tú? – respondió
- Estoy muy bien, quería saber cómo te está yendo, llevo semanas sin verte – dije
- Así es… por suerte va todo bien, y sí mira dime cuando tienes día libre y organizamos algo ¿te parece bien? – dijo con entusiasmo
- Me parece genial, me toca día libre el martes, ¿te parece que nos veamos en el Laarsens a las 4? – pregunté con emoción
- Me parece ¡excelente! Así aprovechamos y nos ponemos al día con todo – dijo Miriam del otro lado
- ¡Súper!! Ya quedamos entonces… nos vemos – dije – Adiós – dijo Miriam y yo corté la llamada.
Miré a Miriam acercarse a la mesa donde estaba sentada en el pub, se veía increíble jeans color n***o y una hermosa blusa manga comida color azul, le quedaba muy bien.
- ¡Hola amiga! – saludo con una sonrisa.
- ¡Hola! Dije con una sonrisa también
- Oye se ve que el nuevo trabajo te sienta bien, ¡estas radiante! – dijo y yo simplemente sonreí
- Pues muchas gracias por el cumplido – dije divertida – la verdad es que este nuevo trabajo me gusta mucho y aprendo todos los días algo de moda – dije sonriendo
- Sí pues se nota… oye y ¿has sabido algo de Philip? – pregunto sin filtro
- No… la verdad es que no he hablado ni lo he visto desde esa vez que estuvo en mi casa y luego se fue y la verdad es que yo tampoco le he escrito, ni llamado – dije con nostalgia – lo que sí puedo decirte es que el otro día me reuní con Ryan – empecé y ella me miraba con interés esperando a que continuara
- ¿Y qué pasó? ¡Cuéntame! – Imploró Miriam
- ¿y recuerdas que te dije que estaba segura de que ella tenía un plan en contra de Philip?
- ¡Sí... lo recuerdo! – dijo
- Pues… Ryan me dijo que ella se ve todos los días con un hombre cuando Philip se va de la oficina y que ella se ve por horas con el hombre y que también le suele mostrar lo que aparentemente serian documentos y que la mayoría de las veces salen con una carpeta. ¡Ah! Y también me dijo que el bebé siempre está con ellos.
- ¿Y tú que piensas? – preguntó con curiosidad
- Pues… - comencé – no lo sé muy bien aún, Ryan quedó en averiguar el nombre del hombre con quien Kim se ve todos los días…
- ¿Y qué tal si ellos tienen una relación amorosa? – me interrumpió Miriam - ¿Qué tal si Kim está queriendo robar a Philip?
- Pues eso es lo que Ryan cree, pero ¿qué piensas tú de soportar un bebé solo para que él me crea? – pregunté con curiosidad a Miriam
- ¿y qué significa eso? – ella me responde con otra pregunta cuando abre los ojos muy grandes - ¡¿Crees que Philip no es el padre de ese bebé?!! – preguntó casi gritando
- Pues, ¿quieres que te diga la verdad? Lo estoy pensando muy seriamente – dije convencida. Miriam me miraba incrédula. – Pues solo piensa… - empecé – ¿por qué si yo tuviera un hijo con Philip te diría que hasta tengo que soportar un bebé solo para que él me crea? - ¿qué sentido tiene eso? – pregunté curiosa.
- Para ser sincera… esto da que pensar – dijo pensativa – tienes mucha razón no tiene mucho sentido si Philip es el padre del niño. A no ser que… - dijo como si estuviera tratando de hilar sus ideas.
- ¿qué? – pregunte ansiosa
- A no ser que su plan sea robar a Philip y huir del país sin el niño – dijo sin mucha convicción. La miré curiosa, tratando de asimilar lo que acaba de decir
- Pues la verdad es que no es tan descabellada la idea – dije asintiendo, pero mi corazón se encogió de solo pensar que sería capaz de abandonar al pequeño niño.
Alice se encontraba hablando con unas personas de manera relajada. Cuando me vio, dio una breve disculpa y se acercó a mí.
- ¡Laura! – dijo con entusiasmo, como si le alegrara el verme – Buenos días, siempre madrugadora eso es espectacular – dijo con una sonrisa.
- ¡Buenos días Alice! – salude con una sonrisa
- Hoy estarás en planta baja, en la sección de lencería – dijo – deberás ordenar las prendas por colores y tamaños. Éxitos para hoy – Me dijo y se alejó. Bien me dispuse a empezar mi día acomodando las prendas por tamaños y colores.
El día se pasó como un suspiro. Llegué a la estación de tren en Basingstoke cuando me encuentro de frente con Philip.
- Hola – dijo acercándose a mí
- Ho… hola – dije
- ¿Estas bien? Pareces asustada – dijo acercándose más
- N… no. No estoy asustada… estoy sorprendida – dije. Él me miró confundido – es que no te he visto en semanas – dije acercándome esta vez yo a él.
- ¡No! No te acerques… No me toques – dijo irritado - ¿Qué? ¿Porque? Toda la alegría que había dentro de mí se había ido instantáneamente. Captamos la mirada de algunas personas que estaban alrededor yo lo miré sin entender.
- Es lo mejor – dijo dándose la vuelta y salió casi corriendo.
Ahora tenía ganas de llorar, salí prácticamente corriendo del lugar mientras iba pensando en lo que había pasado hace unos minutos y no pude evitar sentirme enojada conmigo misma. Pero ya está, esto no sé volverá a repetir.
Corrí por un hermoso lugar, llevaba un vestido blanco, era un lugar conocido. Me di vuelta admirando el lugar, se parecía a mi habitación, aunque la imagen no era demasiado nítida, vi una figura acercándose
- ¿Philip? – pregunté, él se me acercó con una sonrisa. Pero cuando estaba por llegar junto a mí se detuvo mirándome con ojos grandes y cayó de rodillas ante un cuerpo con lágrimas en los ojos – ¡Philip! Estoy aquí – dije, acercándome a él parecía no escucharme. Luego me acerqué tocándole su hombro, él levantó su cara hacia mí y me sonrió
- ¡Te encontré! Apúrate que vamos a llegar muy tarde – me agarró la mano y empezamos a caminar por un pasillo largo y muy oscuro.
- ¿A dónde me llevas? – pregunté. En ese momento salimos del largo pasillo y llegamos a la entrada de un bello patio lleno de árboles verdes, lleno de flores. Había gente esperando, todos vestían ropas negras, Philip me seguía llevando de la mano.
- Estamos llegando a un velorio – me informó, mientras entrabamos entre la gente, había muchas personas desconocidas algunos lloraban, volteé la cabeza para preguntar a Philip que es lo que pasaba, me frené cuando lo vi llorar a él también
- ¡Philip! – lo llamé, pero él parecía no escucharme - ¡Philip… aquí estoy! – grité, pero él no me escuchaba.
- Yo tendría que haber muerto no ella – susurró con los ojos llenos de lagrimas
- ¿De qué estás hablando? – pregunté sin entender – sácame de aquí – dije tomando de su mano, pero él parecía no inmutarse
- ¡Yo tenía que haber muerto no ella! – dijo con rabia tapando su cara
- Pero… quien murió? No estoy entendiendo nada – susurré cuando apareció Kim a su lado abrazándolo – Tranquilo Phil… ya pasará – dijo abrazándolo para sonreír de manera malvada
- ¡Philip! Que esta su…. – No terminé la frase porque mi mirada fue a parar al cajón que estaba en el medio de la sala, había un cartel escrito “Siempre en nuestros corazones Laura Hills” Mis ojos se abrieron grandes y comencé a temblar ¡No! ¡No esto no está pasando! ¡NO! Yo no estaba muerta - ¡Yo estoy aquí! ¡Estoy aquí! ¡NO! - Grité desesperada mirando a Philip llorando en los brazos de otra mujer, observé a mi alrededor y con desesperación me tiré arriba del cajón en mi propio funeral para que me vieran que yo estaba viva y no muerta. Me desperté sobresaltada, abrí mis ojos sin entender donde me encontraba. Suspiré intentando calmar mi respiración, seguía temblando necesitaba el calor de Philip, pero aquí estaba yo sola intentando calmarme, me volví a recostar luchando con mis propios pensamientos.