Aidan
-¿Aidan?
El lugar está hecho un desastre, aunque después de haber estado abandonado por tantos años, sería extraño si se encontrara de otra forma.
Raen camina despacio, atento a cada sonido, a cada posible movimiento. La casa es pequeña, apenas un par de habitaciones. Si su amigo está aquí, le será fácil encontrarlo, pero no quería asustarlo o algo así.
Después de todo, lleva toda la noche desaparecido y aunque prácticamente todo el pueblo se había movilizado para encontrarlo, aún no han tenido éxito.
Pero claro, esta casa es algo así como su base secreta de infancia, y el pelinegro tardó un par de horas en recordar que existía. Después de todo, habían pasado cerca de siete años desde la última vez que habían jugado en aquel lugar.
Pero si Aidan no se había ido a otra ciudad, quizás, solo quizás, se hubiese refugiado allí.
Porque estaban entrando al invierno y la temperatura bajaba cada día. Si bien estaban acostumbrados a ese tipo de clima, estar caminando en la nieve no era placentero.
El problema es que esta casa estaba casi en medio del bosque. ¿Y si Aidan se había perdido? ¿O si algún animal salvaje se lo había comido o algo así?
No pienses estupideces, él está bien. Por supuesto que está bien.
A pesar de intentar calmarse, en el fondo Raen tiene miedo de no encontrar a su mejor amigo. Y se siente tan, tan culpable de todo lo que pasó, aun sabiendo que no es su culpa.
Pero nunca pudo ayudar a Aidan, no de la forma en la que él lo necesitaba. Le decía palabras tranquilizadoras, frases casi cliché, intentó acompañarlo... pero en su peor momento, se cansó y se alejó.
Y Aida decidió desaparecer.
"No es mi culpa que
todo sea una mierda"
No puede olvidar que eso fue lo último que escuchó de la boca de Aidan. ¿Y Raen qué le contestó?
"Piensa lo que quieras"
Eso no era algo que debería responder un mejor amigo, pero él también estaba angustiado, sentía que Aidan era un agujero n***o que lo arrastraba a su amargura.
No importaba lo mucho que intentara, su amigo no cambiaba su actitud, y eso enrarecía el ambiente.
Se empezó a quedar callado durante las conversaciones con los demás compañeros, parecía ido en muchas ocasiones y pronto dejó de juntarse con ellos.
Había sido un buen alumno, pero comenzó a decaer de pronto, y Raen no lograba entenderlo.
La vida de Aidan no era complicada, no tenía mayores problemas o tristezas, ¿por qué entonces siempre estaba tan enojado, tan vacío?
Debí intentar entenderlo un poco más...
El pelinegro abre la puerta de una de las habitaciones. A pesar del ruido del viento que se cuela por los cristales rotos, escucha el latir de su corazón.
Tiene miedo de encontrar a Aidan.
De encontrarlo de una forma en la que no pudiera regresar.
Se asoma a la habitación, pero solo hay polvo y telarañas, ningún indicio de que alguien hubiese estado por ahí en los últimos días.
Raen suspira con cierto alivio. Pero le dura poco, aún debía registrar el otro dormitorio.
Pero si no encuentra a su amigo ahí, ya no sabría dónde más buscar.
¿Qué era peor? ¿Encontrarlo muerto o no encontrarlo nunca?
El joven se muerde el labio y sacude la cabeza. No debe pensar eso. Tiene que mantenerse positivo.
Voy a encontrar a Aidan y estará bien.
Toma el pomo de la puerta y lo gira lentamente. Siente el temblor en su mano y en sus piernas.
Cierra sus ojos azules y abre sin pensar.
No escucha nada y el aroma a moho y encierro sigue igual.
Abre poco a poco los ojos.
Nadie.
Pero esta vez hay algo distinto.
Huellas. La cama semi hundida.
Alguien había estado ahí.
Podría haber sido cualquiera, pero Raen está seguro de que había sido Aidan.
Quizás ocupó ese lugar para dormir y no estaba en ese momento porque ya era casi mediodía.
Pero necesita alguna pista, un solo indicio de que su amigo había estado en esta habitación, que durmió en esa cama, que se refugió del frío lo mejor que pudo dentro de sus posibilidades.
Mira alrededor.
Abre la puerta del clóset, pero solo encuentra unas cajas que ellos mismos habían dejado tantos años atrás.
La ventana está cerrada y es la única con el vidrio intacto. Probablemente por eso Aidan había elegido quedarse allí... si es que ese era el caso.
Examina la mesita de luz, las paredes, la puerta, pero no hay nada.
Ni un cabello, ni un pedazo de lana de su gorro, ni siquiera el envoltorio de alguna golosina.
¿Habrá comido estos días?
Para Raen no pasó desapercibido que en los últimos meses, Aidan había bajado de peso. Estaba cada día más pálido y ojeroso. No se juntaba con ellos en el almuerzo, así que no sabía si se había estado alimentando bien.
La vez que le comentó algo al respecto, Aidan solo se molestó.
"Qué te importa"
Debió insistir más, acompañarlo más...
El pelinegro se sienta en la cama y esconde el rostro entre sus manos.
Tiene tantas ganas de llorar, pero siente que si lo hace, sería como admitir que nunca más vería a su amigo, y no podía aceptar ese terrible destino.
Porque Aidan es tan importante para él que no podía dimensionarlo.
Siempre habían sido los dos. Habían vivido incontables aventuras. En ocasiones se enojaron, se separaron, pero siempre la amistad era más fuerte.
Excepto ahora.
Había sido un pésimo amigo.
Se frota los ojos y niega con la cabeza. Tiene que seguir buscando.
¿Qué lugar falta?
Mira al piso. Claro. Debajo de la cama. Es tan obvio.
Se arrodilla en el suelo y se agacha para ver si encuentra algo.
Y ahí está. Solitario y algo arrugado.
Un papel.
Raen lo toma y lo estira, reconociendo inmediatamente la letra de Aidan.
Y la frase que lee, le rompe el corazón.