Capítulo 1 No se puede vivir medio año
—Por la insuficiencia cardíaca terminal. A menos que cambie su corazón, será difícil que viva medio año. —Las palabras del médico aún resonaban en los oídos de Darlene García.
Era verano y la lluvia continua parecía no cesar nunca.
En el oscuro dormitorio, el viento levantaba una fina capa de cortina de gasa frente a la ventana del suelo al techo y la lluvia empapaba el sofá de cuero oscuro.
Darlene se sentó frente a la cama aturdida, tiritó y de repente, volvió en sí.
Ya era de noche y se quedó sentada otra tarde.
Darlene se levantó, se acercó y cerró la ventana. En el momento en que la lluvia cayó sobre su brazo pálido, sintió un dolor agudo en el corazón.
Cuando volvió a la cama, tomó el bolígrafo y firmó con su nombre el acuerdo de divorcio. Junto con la hoja de diagnóstico que decía “insuficiencia cardíaca terminal” los guardó en el cajón.
Ya que moriría pronto, podría cumplir sus deseos.
—¡Bang!
La puerta se abrió de repente de una patada y casi toda la habitación tembló.
Una larga sombra negra irrumpió y pareció llegar frente a ella en un instante.
—A... —Sin embargo, justo cuando Darlene dijo esto, fue levantada de repente y todo su cuerpo fue fuertemente aplastado contra la cama.
Avery se inclinó hacia ella y le arrancó ferozmente el camisón. Su voz era feroz, como si quisiera destrozarla
—¡Puta viciosa!
Era la primera frase que le decía esta semana.
Desde que Vivian Sheridan, desaparecida desde hacía tres años, regresó hacía una semana, Avery había abandonado este lugar con un acuerdo de divorcio.
No había luz. Con la tenue luz, no podía ver con claridad la expresión de su rostro, pero Darlene podía sentir que sus ojos, que siempre habían sido indiferentes, ahora estaban llenos de crueldad.
El repentino dolor de su cuerpo desgarrado pareció profundizarse junto con el sordo dolor de su corazón.
Darlene abrió mucho la boca y se esforzó por respirar con dificultad, con una voz apenas audible. —Avery, estoy cansada. ¿No puedes hacer esto?
La mano con la que Avery le agarraba el cuello se contrajo ferozmente, sin darle ninguna posibilidad de respirar.
—¿No es esto lo que quieres? Hace tres años, instigaste a mi abuela para obligar a Vivian a irse al extranjero, ¿verdad?
Un sabor a sangre se extendió por su garganta. Darlene se contuvo y evitó que la sangre saliera de su garganta.
Sacudió la cabeza con gran dificultad. —No entiendo lo que dices. No lo hice. Vivian se fue sola entonces.
—Tú instigaste a mi abuela a alejar a Vivian y luego dejaste que me casara contigo. Darlene, ¡te haré saber las consecuencias de meterte conmigo y hacerle daño a Vivian!
Avery se levantó y se puso la ropa. Y de repente tiró de ella y la lanzó al suelo. Estaba a punto de marcharse enfadado.
Si no fuera porque Vivian yacía sola en el hospital, ¡sin duda habría matado a esa mujer venenosa ahora mismo!
El cuerpo de Darlene se estrelló contra el suelo con un sonido sordo y el dolor que calaba los huesos se extendió instantáneamente por todas sus extremidades.
Darlene se levantó temblorosamente, esforzándose por no dejar caer las lágrimas. —Lo creas o no, nunca le he hecho daño a Vivian en todos estos años.
Avery se dio la vuelta y la miró con disgusto. Era una calurosa noche de verano, pero su voz era como hielo imposible de derretir.
—Firma el acuerdo de divorcio y vete de aquí. A partir de mañana, si te vuelvo a ver, te haré sufrir un destino peor que la muerte.
Darlene cayó sobre la cama y le dolió el corazón, pero se rio suavemente.
Darlene pensó, «divorcio. Quieres divorciarte de mí por las palabras infundadas de Vivian».
Apretó los dedos con fuerza sobre la cama y sintió que le subía un escalofrío por los pies. —Si te digo que sólo puedo vivir medio año, ¿aún quieres divorciarte de mí?
Avery frunció el ceño. Se acercó a ella unos pasos, la agarró del cuello y tiró de ella hacia arriba.
Darlene no pudo evitar tambalearse.
En cuanto frunció el ceño y la soltó, su cuerpo volvió a caer pesadamente al suelo. La sangre de su garganta ya no podía contenerse. De repente, Darlene escupió la sangre, manchando la sábana de la cama. En este estado de inconsciencia, era indescriptiblemente extraña y miserable.
Avery contuvo su odio y se burló
—¿Medio año? ¡Je! Darlene, aunque murieras delante de mí ahora mismo a causa de una enfermedad terminal, ¡yo, Avery, no te dedicaré ni una sola mirada más!
Darlene levantó la mano y se limpió la sangre de la comisura de los labios. Finalmente, ya no le quedaba ninguna esperanza. —De acuerdo, entonces divorciémonos.
La puerta se cerró de golpe y Avery salió sin dudarlo.
Darlene cayó en la cama aturdida. No supo cuándo se le saltaron las lágrimas, pero sólo oía su propia risa. Era fría y desesperada.
Quería decirle que tenía una enfermedad terminal, una insuficiencia cardíaca terminal. La tasa de mortalidad era superior a la de la mayoría de los cánceres.
Pero al final, no le importó.
Las convulsiones de su corazón se hicieron cada vez más intensas. Soltó una serie de rápidos jadeos. Se arrastró con todas sus fuerzas hasta la cabecera de la cama. Sacó un frasco de medicinas y se sirvió unas pastillas.
El vaso de agua que había junto a la cama hacía tiempo que estaba frío. Se esforzó por alcanzar el vaso y tragó las pastillas.
Todo su cuerpo estaba cubierto de sudor frío. Tenía tanto frío que temblaba. No había comido nada en todo el día. Este bocado de agua fría la hizo sentir incómoda y le provocó arcadas.
Ya no tenía fuerzas para bajar a buscar comida. Darlene se agarró al borde de la cama y luchó por subirse a ella.
En una cama tan grande, se acurrucó y ocupó un pequeño rincón. Parecía aún más vacía y fría.
Pasó un rayo, iluminando de repente la habitación como si fuera de día. Su rostro pálido, que había perdido todo color hacía tiempo, era aterrador.
Cuando Darlene sintió que estaba a punto de morir de dolor, su conciencia se sumió en el caos. Le pareció volver a tres años atrás aturdida.
Avery tuvo un accidente de coche por aquel entonces. Estuvo casi un año en coma en el hospital. Después de que el médico le diagnosticara, dijera que las esperanzas de recuperación eran escasas y que podría estar en estado vegetativo el resto de su vida, Darlene se quedó a su lado todo el día y toda la noche.
Aquel año casi no pudo dormir bien. Su estado de salud empeoró pronto. Estaba demasiado cansada y su cardiopatía hereditaria empeoró rápidamente. Hasta ahora, padecía insuficiencia cardiaca.
Tres años atrás, las palabras que Vivian pronunció delante de todos los ancianos de la familia Gallard aún resonaban en sus oídos.
—¿Quieres que me case con un vegetal? ¡Deja de soñar! ¡Aunque yo, Vivian, me case con un mendigo de la calle, nunca me casaré con un vegetal!
El tiempo pasó muy deprisa. Habían pasado tres años. Y ahora, Vivian utilizaba sus palabras y sus lágrimas para cargar todos los pecados sobre Darlene.
La noche nunca había sido tan larga...
Cuando Darlene volvió a ver a Avery ya habían pasado tres días.
Darlene vomitó violentamente durante tres días seguidos y fue al hospital para hacerse un chequeo. Justo cuando llegaba al pasillo del hospital, de repente le agarraron la muñeca.
Parecía querer romperle el brazo.
Cuando Darlene volvió en sí ya la habían arrastrado hasta una sala y la habían tirado al suelo sin ninguna piedad.
La voz irritada de Avery sonó. —¡Arrodíllate por Vivian!
Darlene aspiró una bocanada de aire frío y se cubrió dolorosamente el corazón.
Justo ahora, cuando fue arrastrada por el guardaespaldas de Avery, le arrastraron el pelo largo atado y le arrancaron la mitad del abrigo.
Ahora, Darlene tenía un aspecto desaliñado y estaba en un estado lamentable.
Darlene se esforzó por levantar la cabeza, sólo para ver a Vivian apoyada lastimosamente en el pecho de Avery, sollozando en voz baja.
Darlene sólo sentía que su corazón estaba entumecido y no sentía mucho por la escena que tenía delante. —No he hecho nada malo. No me arrodillaré.
Avery acarició a Vivian con su delgada palma. Con la otra mano tomó el informe de la ecografía de la mesilla de noche y se lo estampó sin piedad en la cara a Darlene.
—Vivian es tan inocente y sencilla. ¿Cómo puedes hacerle algo tan sucio?
Darlene miró el informe de la ecografía que flotaba ante sus ojos.
Era la prueba de embarazo, que mostraba que Vivian estaba embarazada de 13 semanas.
A Darlene le dolía el corazón. «¿Vivian está embarazada de tres meses?»
«¿Está embarazada de Avery?»