Tras un breve momento de conmoción, Avery se burló. —¿Te estás matando? Darlene, inténtalo. En cuanto murieras, mataría a tu hermano pequeño y a tu abuela. Avery no sólo se negó a retroceder, sino que incluso se acercó un paso más a Darlene, que sostenía un cuchillo. —Y el amigo íntimo que tenías en el orfanato, así como el que te salvó y te hizo incapaz de olvidar. Los encontraría a todos y los mataría para acompañarte. Darlene le apuntó al cuello con el cuchillo que tenía en la mano y siguió retrocediendo hasta situarse junto a la ventana. Darlene se rio con los ojos llorosos. —Adelante. No me importa mi propia vida. No me importará la de nadie más. Puedes matar a todos los que quieras. El rostro de Avery finalmente se ensombreció. Era la primera vez que oía a Darlene negarse a admit

