Sin esperar a que Darlene recuperara el aliento, Douglas la agarró directamente del suelo y la abofeteó sin piedad. —Te atreves a pegarme. Mírate. He visto muchas putas como tú. ¿Por qué pretendéis ser puras y nobles? ¿No sois sólo unas zorras disolutas que son utilizadas por muchos hombres? Las palabras de Douglas se hacían cada vez más insoportables al oído. Darlene sentía tanto dolor que oía ruidos en los oídos. Todo su cuerpo temblaba y todo en la habitación se volvía borroso ante sus ojos. Douglas seguía sin sentirse satisfecho. Nadie se había atrevido a abofetearle en tantos años. Y, sin embargo, Darlene, a la que creía una bajeza, le dio una bofetada. Así que Douglas tuvo que darle una lección. Miró a su alrededor y tomó directamente una estantería con una hilera de velas encend

