Martina se detuvo frente a la casa. Una construcción de dos plantas antigua, adosada por un lado a otra de las viviendas y por el otro dando la vista al mar. Parecía descuidada, con desconchones en las paredes encaladas de un blanco ya desvaído, algunas hierbas en el tejado y ventanas necesitadas de una mano de pintura. La casa no es que fuera gran cosa, así que llego a la conclusión que si la había elegido su prima era por las vistas al mar. Pocas casas estaban tan cerca y disfrutaban de una panorámica igual en el pueblo. Comprobó la dirección y vio que efectivamente no había pérdida: era la que le había pasado su tía al w******p. La verdad es que se vio sorprendida al saber que su prima ya no vivía en casa de su madre, ni siquiera en el mismo pueblo, sino en una pequeña aldea costera a

