Caminaban de la mano por el bulevar, de vuelta a casa. Leo con la vista hacia el frente, pensativo y poco hablador esa tarde. Adri lo había notado, pero pensó que solo se trataba de un bajón, cansancio provocado por el trabajo y la sesión de sexo que habían tenido antes cenar y salir a tomar una copa. Ella trataba de compensar, mostrándose alegre y vivaracha, lo que no le suponía ninguna dificultad, pues realmente estaba contenta. Todo parecía marchar bien: Martina no daba señales de vida, Leo estaba cómodo y aparentemente feliz a su lado, la convivencia se había estrechado, ya que habían tomado la costumbre de que se fuera a pasar el fin de semana completo a su estudio, y en general ninguna nube estropeaba el horizonte, amenazando lluvia. Cierto que a veces el chico tenía sus momentos de

