— Me gustan los hombres... — Jajaja….rio ella descarada, mientras llevaba su mano a la entrepierna de Martina y la situaba en su pubis, abarcándolo con sus dedos sin ejercer presión y causarle daño, pero forzando el contacto a través de la fina braguita. — No es lo que me ha contado María. — Lo que pasó fueron cosas de crías: ahora es distinto, no estoy aquí por eso. Dijo Martina agarrándola por la muñeca y retirándole la mano de su coño. — Seguro que no…respondió burlona. Mira, si lo que buscas es una nueva experiencia, yo te puedo dejar satisfecha para que no tengas que andar molestando a María, dijo tomándole la mano y llevándosela a un pecho duro y firme. Martina pudo sentir a través de la fina tela el pezón y la aureola de Elena. Ahora fue ella la que retiró su propia mano con ra

