— Es un poco raro… — ¿El qué? Adri y Isabel compartían un momento de intimidad, con la persiana a medio bajar para evitar que nadie entrara. Eran los momentos antes de subir el cierre y comenzar la jornada. Se habían servido un té y aprovechaban para hacer esas confidencias que requerían de un poco de tranquilidad y tiempo. — Bueno, le gusta correrse en mi ombligo. — Joder tía eso no es nada. ¿Te acuerdas del Mario? a ese le gustaba que lo meara. — No fastidies, exclamó Adri sorprendida, si era de lo más modosito… — Si, en público, pero en la cama todos son iguales, les ponen las cochinadas. Y cuanto más guarra seas, más les gusta…comentó con una sonrisa de complicidad. — Si, pero ¿que alguien se mee encima de tuya? Vaya pervertido ¿no? — Yo que sé hija ¿Dónde crees tú que está la

