Agatha.

1062 Palabras
Pasión Prohibida Capítulo III Narrador. — Buenos días madre— dijo Julianne con un tono de mujer ganadora, casi infalible de no serlo. — ¿Se puede saber dónde estabas? — pregunto Agatha. Estaba en aquel jardín mirando una revista. — Estaba visitando la tumba de mi padre — dijo con mucha tranquilidad mientras se servía un té. — Oye, quedaron divinas las fotos — y sonrió. — ¡Mira! Aquí estoy yo con el Sr. Griffin. — ¡Qué lindas! — Su tono irónico fue bastante notorio. — Por cierto, me lo acabo de encontrar — Agatha la miró con asombro — Me preguntó por ti — — ¿En serio? — Julianne sonrió e emitió un sonido de afirmación. — Cuéntame, ¿De que hablaron? — — Ay pero que curiosa eres tú Agatha, pero si, estábamos hablando de ti — — No, no te creo, que mentirosa eres, no te encontraste a nadie, solo lo dices para molestarme — — En serio — y rió. — Te mando saludos — — ¿Y te dijo si se la pasó bien en la boda?— preguntó ansiosa. — Le encantó, le fascinó. De hecho me preguntó por ti porque quería saber un poco más de la cazadora que lo estuvo acechando toda la noche — de inmediato Agatha se movió incómoda en su silla con mala cara. — Y le dije que eras una experta cazadora — — ¡Qué estúpida eres! — y se levantó molesta. — Le dije que cuando le pones el ojo a una presa no hay nada ni nadie que te detenga ni te haga cambiar de opinión, que la envuelves, la acorralas, hasta que le clavas tus afiliados colmillos y la desangras — y rió de forma maléfica mientras miraba a su madre sorprendida y con rabia. Agatha se regresó a pasos seguros. — No juegues conmigo Julianne, vas a salir perdiendo — — Pues yo no soy Bethany, a mí no me vas a vender por un cheque — — Y tú no me conoces, por eso me juzgas, igual como me juzgaba tu papá. Tú no tienes idea de porque hago éstas cosas — — Porque lo disfrutas — dijo con un tono elevado y muy cerca de su rostro. Podía notarse en ella aquella fuerza al pronuncias eras palabras. — Porque eso es lo único que te corre por las venas, la ambición — Agatha se marchó y dejó a su hija allí. No había empatía en ellas. Por otro lado, el Sr. Griffin recordaba los momentos que al lado Julianne compartió y como ella en una determinación placentera lo besó en aquel encuentro que juntos ya venían desarrollando. En aquel recuerdo que el Sr. Griffin estaba teniendo, una Julianne envolvía su cuello con esos delicados brazos y aceptaba a una propuesta de casamiento en la que ella se moría de dicha al igual que él. El Sr. Griffin no era el único quien recordaba aquellos instantes, aquel encuentro era recordado por Julianne, quien sonría por lo sucedido. Fue inesperado que ambos sintieran esa atracción y ahora parecían desear algo que los comprometía a tener un amor verdadero. En casa de los Griffin, Eric y sus primos intentaban mantener una conversación. Míah, la hija mimada, la joven que aunque tenía dotes, era básicamente una incomprensión de la naturaleza. La falta de madurez era el motivo principal de sus acciones. — ¿Qué clase de ejemplo le das a Lukas? — Miah con su tono de niña mimada, preguntó al ver a Eric tan siquiera entrar. — La boda estuvo buenísima, ¿Qué quieres que haga? — un Eric bastante desaliñado entraba al día siguiente de lo que fue la boda de su ex novia. Después de aquel encuentro con Bethany creyó que todo quedaría allí, pero su afán por fastidiarla crecía cada día más. — Eric, prometiste llevarnos por un helado y al parque — — Claro que lo haré, puedes estar seguro que eso haremos ahora mismo — — ¿Seguro?— preguntó el niño rodeándolo con sus brazos. — Ve ya mismo por Pedro y que aliste el auto. Iremos a pasear — y subió las manos con entusiasmo. La cara de Miah era un poema pero de igual forma los acompañaría. Después de un momento en el que Agatha quedó a solas, decidió llamar al Sr. Griffin. La conversación ella la creyó amena, pero Edward Griffin solo mantuvo su educación con ella. Detrás de aquella puerta que daba a la salida de aquel salón de la mansión de los Johnson, se veía a una Julianne que entraba y al escuchar a su madre al teléfono con Edward Griffin, una sonrisa diferente adornaba su rostro y prefirió estar muy atenta a las palabras que su madre pronunciaba. Una invitación a cenar fue propia de aquel educado caballero y Agatha creyó que sería el comienzo de un posible acercamiento casi magistral entre ellos. No obstante, ella no fue la única invitada, Julianne, Bethany y Alex eran invitados a esa cena tan importante. Por otro lado, Míah mantenía una conversación con Eric en el parque sobre una posible relación en la que ella no estaba de acuerdo. — Debes comprender que mi tío tiene mucho tiempo solo desde que murió la tía, no puedes ser egoísta — — ¡No quiero Eric! — gritaba y movía la cabeza negando. — No te comportes como una niña mimada — dijo un Eric exasperado. Pedro los miraba de lejos mientras pateaba la pelota en dirección a Lukas. — Agatha quiere atrapar a mi papá, por eso lo invitó a la boda y mi papá la invitó ésta noche a cenar — — Él se merece una oportunidad, es su decisión — Míah no quedó para nada convencida. Su padre estaba dispuesto a tener una vida diferente, pero no con quién Míah creía. Agatha Johnson ha sido una mujer despiadada, ambiciosa e interesada. No es respetada por Julianne en ningún sentido y es el temor de quién se acerca a ella. Míah, ha sido una caprichosa en todo el sentido de la palabra. Es una niña mimada quién no desea que su padre esté con ninguna mujer más que con ella, pero ya su padre decidió, solo espera que está cena sea el motivo para contar todo lo que sucede ente Julianne y él.
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